Luego de haber leído detenidamente los términos de la propuesta de ley para la reforma fiscal que presentará el gobierno, ratifico mi criterio de que es absolutamente necesaria y que tiene que ser aprobada como un instrumento para facilitar el desarrollo del país, pero al mismo tiempo debo decir que es imperativo insistir en el complemento esencial que hará esa reforma significativa para Guatemala y no es otra cosa que el énfasis en la calidad y transparencia del gasto público, puesto que de lo contrario estaremos aumentando la mesada a los sinvergí¼enzas sin que los guatemaltecos puedan percibir los beneficios del mayor sacrificio de los contribuyentes.
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Me parece absolutamente lógico y contundente el razonamiento que se hace sobre el tema de los impuestos indirectos, especialmente el del Valor Agregado, porque coincido en que el mismo se vuelve muy injusto cuando se ve que porcentualmente con relación a sus ingresos, para mucha gente significa ni más ni menos que el doce por ciento del total, porque grava todo lo que se necesita para la subsistencia, mientras que para los que tienen capacidad de ahorro no llega a ser una tajada tan significativa del total de sus ingresos.
Creo que las reformas al Impuesto Sobre la Renta son la vía adecuada para elevar la carga fiscal y que si se acompañan de medidas como la Ley Antievasión II y la Ley del Enriquecimiento Ilícito, estaremos creando una plataforma para emprender el camino de cumplir con las cacareadas metas del milenio que se han entrampado no sólo por la ineficiencia del sector público, dedicado prioritariamente a la corrupción y no a servir a la gente, sino que también por la falta de recursos.
Y es que si logramos que cese la corrupción en el país o, para ser realistas, disminuya sensiblemente, habrá además del ingreso adicional un alto remanente de recursos para poder invertir en el desarrollo de la gente y eso es fundamental. De todas las críticas que se hacen a cualquier propuesta de reforma fiscal, la única que resulta irrefutable es la de quienes argumentan que no hay que pagar más impuestos porque eso únicamente sirve para que los funcionarios roben más. Contra eso hay poco que decir, pero si el gobierno da muestras de que no está para apañar sinvergí¼enzadas y nos alecciona enviando al bote a unos cuantos corruptos, creo yo que se dará el complemento perfecto para la propuesta evidentemente técnica de una reforma fiscal coherente con las necesidades y posibilidades del país.
Yo comparto la idea de que tenemos que estar preparados para dificultades si en Europa no logran contener la crisis que generó el déficit en varios países. Contrario a lo que fue la previsión de nuestras autoridades monetarias cuando reventó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y se vino la crisis financiera, no estamos blindados porque nuestro nivel de dependencia es enorme y de una u otra manera pagamos el pato de los elotes que se comen en otros lados. Por ello es que hay signos de alarma que tienen que obligarnos a tomar medidas para buscar la sanidad de nuestras finanzas nacionales y eso se logra con la combinación adecuada de mejorar los ingresos y controlar el gasto con énfasis en la calidad, porque aquí no es tema de reducir el monto de los gastos, sino de utilizar el dinero adecuadamente, evitando que se quede en la bolsa de un ministro, de un director general o cualquier otro funcionario que, por lo general, le tiene que pasar tajada y dar participación a los de arriba porque así es como funciona el sistema.