El complejo militar-corporativo, su lado oculto y furtivo


De las más grandes compañí­as estadounidenses que forman parte del privilegiado y oculto complejo militar-corporativo, es poco lo que se conoce. Lo que se sabe es que son, a la vez, clientes habituales del Pentágono «que reciben mega-pagos financiados con impuestos con la regularidad de un reloj», y cuyos miles de millones de dólares de que disponen vienen a ser sólo una mí­nima parte del presupuesto negro destinado, entre otras cosas, para «compras y desarrollo confidenciales de armas» sin que el Departamento de Defensa tenga que rendir cuentas y ningún estadounidense pueda saber en qué se gastan.

Ricardo Rosales Román

Al lado corporativo oculto del Pentágono se refiere Nick Turse, como ya dije en mi columna anterior, en su más reciente ensayo La vida militarizada, la economí­a civil «pentagonizada» y el Pentágono privatizado, publicado en Rebelión el 29 de junio de 2008.

Según el editor de Tom Dispatch, Turse es autor del mejor informe sobre cómo las vidas de los estadounidenses son militarizadas; la economí­a civil de la más grande potencia de la historia, pentagonizada, y el Pentágono privatizado.

Para efectos de la presente columna, del selecto grupo de los llamados «amos del universo en el complejo militar-corporativo», me referiré a cinco de los que, a decir de Turse, se dispone de alguna información entresacada «en gran parte de sus propios documentos corporativos». Las cinco corporaciones ocultas del Pentágono, son las siguientes:

MacAndrews & Forbes Holding Inc. Esta sociedad de participación financiera es propiedad del multimillonario inversionista Ronald Perelman, y «cuya cartera diversificada de compañí­as públicas y privadas […] incluye al fabricante de cosméticos Revlon y a Panavisión» que fabrica las cámaras que se utilizan para la presentación de programas de televisión como 24 y CSI.

DRS Technologies, Inc. Esta sociedad se constituyó durante la Guerra de Vietnam. Ha sido desde hace tiempo «un destacado proveedor de productos integrados, servicios y apoyo a las fuerzas militares, agencias de inteligencia y contratistas de primera en todo el mundo»; es decir, «ha estado en el negocio de presentar productos que realzan (sic) algunas de las armas más letales del Departamento de Defensa».

Harris Corporation. Esta es «una compañí­a internacional de comunicaciones y tecnologí­a de la información que sirve los mercados gubernamentales, de defensa y comerciales en más de 150 paí­ses [?]. En su sitio en la Red, la compañí­a alardea de que «tecnologí­a de Harris ha sido utilizada para una variedad de aplicaciones comerciales y de defensa, incluyendo la Guerra en Iraq, donde el sistema (de software de Harris) suministró representaciones detalladas, tridimensionales de Bagdad y de otras cruciales ciudades iraquí­es».

Navistar Defense. Navistar es «una compañí­a de participación financiera cuyas unidades individuales suministran soluciones de transporte integradas y mejores en su clase». Se sabe que «está involucrada significativa, lucrativa y orgullosamente en las ocupaciones de Iraq y Afganistán». Lo que el público conoce de Navistar es que se dedica a «hacer algunos de los vehí­culos Resistentes a Minas Protegidas contra Emboscadas (MRAP) diseñados para frustrar las bombas iraquí­es al borde de la ruta».

Evergreen International Airlines. Esta es una «compañí­a de servicios globales para la aviación en manos privadas» y no es sorprendente «que haya estado involucrada en la ocupación de Iraq». Amnistí­a Internacional, en su informe 2006, Bajo el radar: vuelos secretos a la tortura y la «Desaparición, refirió «que Evergreen fue una de sólo un puñado de compañí­as privadas con permisos válidos para aterrizar en bases militares de EE.UU. en todo el mundo». Ese mismo año, la compañí­a transportó a Bill O»Reilly de FOX News, «y a su show televisivo a Kuwait e Iraq para ver y saludar a los soldados, firmar libros y fotos, y distribuir baratijas».

«A fin de cuentas, agrega Turse, estas cinco corporaciones furtivas del complejo militar-corporativo», recibieron en 2007 más de 8 mil 900 millones de dólares de dineros públicos, suma que equivale como a «nueve veces lo que un sexto de la población del mundo gastó en alimentación el año pasado».

Y, tiene toda la razón, cuando al final de su detallado ensayo termina diciendo que «hasta que comencemos a asumir el papel de semejantes corporaciones en la creación de la base material para una polí­tico exterior imperial, no llegaremos a comprender totalmente cómo trabaja el Pentágono y por qué vamos tan regularmente a la guerra a paí­ses lejanos, y los ocupamos».

Además, no hay que perder de vista que estos cinco grandes contratistas furtivos, al igual que conocidas corporaciones civiles como Coca Cola, Kraft y Dell, «se han engordado con el Pentágono y sus guerras» lo que no sólo indigna sino hay que denunciar y condenar a fin de contribuir a aislar y derrotar a los amos y señores de las guerras del imperio.