Desde los ruidosos días de la campaña electoral 2011, el general Otto Pérez Molina, ahora empuñando las riendas del poder público con “mano dura”, prometió combatir, entre otras lacras de la burocracia, la corrupción que virtualmente se ha extendido a todo nivel en el país.
Hasta hoy, los sinvergüenzas que han estado prendidos a lo mamífero en el Presupuesto General de la Nación no han ido a dar con sus huesos a la cárcel, salvo un expresidente y unos cuantos “garduños” (muy pocos) de determinadas jerarquías.
Es obvio que los corruptos han tratado habilidosamente de ocultar sus negras huellas para que sus “hazañas” no sean detectadas, pero en este mundo nada queda oculto e impune cuando hay verdadero interés de comprobar las fechorías.
En todos o en casi todos los ministerios, en las direcciones generales de transportes urbanos y extraurbanos, de Migración, en ciertas secretarías, en entes autónomos, etcétera, se cuecen a sabor y antojo las habas de la corruptela. Y es que casi todo está podrido en Dinamarca…
En la contratación de construcción y/o reparación de calles y carreteras, de viviendas y de algunos servicios, así como cuando se adquieren productos de toda clase, hay buen chance para que entren a batear los inverecundos.
Hay “honorabilísimos” personajes de uñas largas a los que más tarde que temprano se les desprende del Presupuesto de la Nación sin consignarlos, como es lo procedente, a los tribunales respectivos para su juzgamiento, pues no basta la destitución, sino que debe procesárseles para que paguen lo que han hecho en perjuicio del Estado y de los ciudadanos de la llanura.
En países como Israel, Taiwán, Arabia Saudita, entre otros, no se andan con chinitas para con los corruptos. En Israel, por ejemplo, cuando un funcionario ha cometido malversación de fondos públicos y acicateado por el hambre pide un almuerzo u otro tiempo de comida, no le conceden lo solicitado mientras no devuelve el dinero del que se ha apropiado inmoralmente. En Arabia Saudita y en otros países árabes, las medidas que se adoptan contra los que han robado son muy drásticas. Pueden ser ahorcados o fusilados. Ese puede ser su merecido; mas, en esta nuestra Guatemala de la Asunción son burladas las sentencias pronunciadas en todas las instancias del Organismo Judicial, y por eso es que ¡estamos como estamos!…
Si aquí no se castiga a los delincuentes de todo pelaje con verdadero rigor, seguirá condenándose a la sociedad, a todo un pueblo, a vivir en perenne estado de zozobra, porque los asaltos de día y de noche, los robos, las extorsiones, los secuestros, las violaciones a la mujer, los crímenes de lesa humanidad –rayanos en el terrorismo– jamás terminarán o, por lo menos, disminuirán sustancialmente. ¡Y ya sabemos que la parranda larga y macabra está en su apogeo!
La situación en que nos encontramos en este país de la eterna… primavera es de inseguridad y, no habiendo seguridad, difícilmente lograremos tener una existencia feliz, con paz y tranquilidad. Estamos ocupando, nada menos, uno de los primeros lugares donde no es posible permanecer seguros en los ambientes urbanos y rurales durante la luz del día y en las sombras de la noche.
Mucha gente toma medidas para cambiar cheques en las diferentes unidades del sistema bancario, por cuanto los facinerosos, amigos de lo ajeno, acostumbrados a vivir sin trabajar, andan a caza de la gente honrada para despojarla de sus pertenencias: celulares, relojes, cadenitas de oro y, especialmente, del dinero que sigue siendo gran caballero a pesar de estar aplastado por el billete del norte…
En algunos bancos hay personal de ventanilla que, en connivencia con otros empleados y empleadas, como se ha comprobado oficial y extraoficialmene, forman mafias con los ladrones de “la calle”, por lo que ese corrupto personal bancario, cuando los ahorrantes retiran o cobran efectos de cambio de cantidades de algún monto considerable, recurren a sus celulares para informar a sus compinches que, por lo regular, se han apostado en las cercanías de tales establecimientos en vehículos o a pie.
Ha habido muchos casos de personas que han sufrido graves atentados criminales al salir de los bancos, incluso han perdido la vida, y es que los desalmados dependientes bancarios informan, aun con precisión, las sumas de dinero que llevan las víctimas de los maleantes. A esos elementos de la banca deberían no sólo despedirlos, sino a la vez consignarlos a los tribunales de justicia para que les caiga todo el peso de la ley por su complicidad con los atracadores.
Como comprenderá el lector, hemos hecho referencia a la corruptela que se da en el oficialismo y en el ámbito privado.
Es pertinente decir que los investigadores de la corrupción deben predicar con el ejemplo y que hay que considerar que la lucha contra los corruptos es de gente honesta heroica. Eso dice Juan Pueblo.