El clientelismo político sigue viento en popa


francisco-caceres

Si el estimado lector se encuentra entre tantos electores que pensaron que con la entrada del binomio Pérez Molina-Baldetti se acabaría el deplorable clientelismo político, disculpe la franqueza pero los hechos demuestran que no es cierto, que sigue viento en popa. Eso y no otra cosa acaba de suceder al sustituir aquel programa que tanto se criticó de “Vamos a la Playa con Solidaridad” al comprobarse el despilfarro de varios millones de quetzales, por el que ahora dispuso desarrollar el Ministerio de Cultura y Deportes, bajo el nombre de “Conociendo el Mundo Maya” durante Semana Santa y también altamente costoso.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


¿Qué tal? ¿Y así todavía se tiene el descaro de argumentar para imponer más impuestos, la falta de recursos para mantener los hospitales en óptima calidad y funcionamiento?

No hay quien no sepa que el clientelismo político no es otra cosa que el intercambio de favores que se realiza a través de los cargos públicos, en donde se regula la concesión de prestaciones o beneficios obtenidos a través de las funciones que tienen encomendadas, a cambio del apoyo electoral que los beneficiarios brindan a corto, mediano o largo plazo. Por consiguiente, el partido político en el poder es quien recibe la mayoría de beneficios, puesto que sin sacar un solo centavo de su bolsa, como dice el refrán “luciendo con sombrero ajeno”, solo reciben favores de quienes sin tener nada que perder y sí mucho que ganar les otorgan su voto o el apoyo participativo que se les demande.
    Ocurre entonces que el dinero que el Estado recauda a través de los impuestos y que se supone debería beneficiar a las mayorías, solo unos cuantos afiliados al partido político en el poder resultan recibiendo pasajes en transportes colectivos, hospedaje y tiempos de comida, con el pretexto que la clase social de escasos recursos también tiene derecho a disfrutar de un viaje de descanso, solaz y esparcimiento. Algo más deleznable todavía es utilizar el pretexto de que aquellas personas de escasos recursos, en especial los jóvenes, también tienen derecho a disfrutar de la belleza de los sitios arqueológicos que abundan en nuestro país y ¿Por qué no?, también de lugares recreativos o de parques de diversiones. Debo reconocer que si se analiza a fondo el programa, es loable la intención, resulta encomiable, pero todo se viene a pique cuando se comprueba reiteradamente que lo malo está en las aviesas intenciones que nuestros políticos de turno siguen persiguiendo.
    No nos cansaremos de decir que las políticas públicas deben ser puestas en práctica siempre y cuando se hayan definido con exactitud los objetivos que se persiguen; determinar quiénes y por qué serán los beneficiarios; que lo que se otorgue sea medible con exactitud antes y después de implementado el programa y sobre todo, que no existan sesgos o inclinaciones hacia determinado grupo de interés político. ¿Será mucho pedir?