El catorce a las catorce


juan-antonio-mazariegos

Con esa frase, que sobrevivió al nombre del candidato que la acuñó hace algún tiempo en unas elecciones generales, entró en la memoria de los guatemaltecos la fecha del catorce de enero de cada cuatro años, cuando de conformidad con la Ley Electoral y de Partidos Polí­ticos, toma posesión el nuevo Presidente de la República, en medio de esperanzas y confianza de quienes lo eligieron o del escepticismo, simpatí­a o antipatí­a de aquellos que sin haber votado por él se saben amarrados al mismo barco y seguros de que según sepa sortear olas y tempestades, llegaremos a algún lado o simplemente seguiremos a la deriva.

Juan Antonio Mazariegos G.

 


Más allá de que si al llegar el Presidente sonará nuevamente La Granadera o seguiremos escuchando el Rey Quiché, según los gustos musicales e identificación del Presidente que recibe o del que entrega, la expectativa y exigencia para con el nuevo Gobierno trasciende esos gustos y debe de centrarse, en el orden que el lector prefiera, cuando menos en los siguientes temas. Se espera un Gobierno probo y transparente que informe, cumpla con la Ley de Acceso a la Información, exija cuentas a sus predecesores y se prepare para rendirlas cuando así­ le corresponda. Que hable y planifique claramente para no llamar carreteras, escuelas u hospitales a algo a lo que luego le pondrá el nombre de bolsa solidaria. Que administre como ajeno aquello que efectivamente lo es, entendiendo que no se le da, ni obtiene una chequera en blanco y con fondos ilimitados,  sino un compromiso de mesura y buena administración en donde los números están para contarse, explicarse y conservarse. Que convoque y lleve a los mejores a hacer gobierno, entendiendo por mejores no a los amigos o compromisos de amigos o benefactores, sino a aquellos que cuando menos entiendan en qué se meten, en cuanto a materia y responsabilidad. Que coadyuve y fortalezca la separación de poderes del Estado para que aun siendo cacique, tal y como se acostumbra en este paí­s, no se sienta ni actúe como tal y permita que la balanza entre unos y otros organismos funcione y los pesos y contrapesos limiten el exceso que para el caso de gobernar transforma la democracia en autocracia. Que escuche, no a su rosca de poder o a los interesados en contarle sus intereses y negocios, sino de vez en cuando a alguien que por no tener intereses o negocios le pueda contar simplemente qué pasa detrás de los trajes de la SAAS. Que al fin y al cabo, tome el timón que le corresponde con mano firme, entendiendo que la firmeza no proviene de un puño cerrado  sino muchas veces de un buen apretón de manos. Que ejerza el poder que el Pueblo le ha conferido, haciendo cumplir la ley, le guste o no le guste, le convenga o no le convenga. Cualquier parecido o distanciamiento con la realidad que nos espera, no es casualidad, es simplemente esperanza.