El asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg desató una auténtica crisis política que amainó cuando se anunció que el crimen sería investigado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, instancia que había empezado a trabajar el mismo día del hecho sangriento en el lugar donde fue muerto el profesional. Y los hechos están demostrando que la población que confió en la CICIG hizo bien, porque se produjeron ya las primeras capturas de los sicarios que actuaron a sueldo para quitar la vida al licenciado Rosenberg.
Las explicaciones ofrecidas ayer por el doctor Carlos Castresana sobre el curso de la investigación demuestran dos cosas. El uso de los elementos racionales y lógicos de investigación mediante un buen manejo de la escena del crimen y la utilización de recursos científicos para ir acumulando pruebas, y la férrea voluntad de avanzar y de resolver un caso paradigmático, algo nunca antes visto en el país. Posiblemente los conocimientos y hasta recursos para investigar existan, pero todo ello sin la voluntad política y la determinación de llegar a la solución de un asesinato como éste marca la gran diferencia.
En otras palabras, no basta tener los medios para realizar una investigación basada en procesos lógicos que permitan dar con los criminales, sino que hace falta determinación, voluntad política y entereza para materializar los resultados y eso es lo que nos ha ofrecido la CICIG. Falta, por supuesto, llegar a quienes contrataron a los sicarios para realizar el crimen, pero se cuenta con instrumentos idóneos para avanzar en esa ruta y no se descarta que alguno de los asesinos pueda aportar pruebas gracias a nuevas normas legales que permiten la colaboración eficaz.
Si en los días de mayo, cuando se asignó a CICIG la tarea, dijimos que era un desafío enorme y un reto que podía marcar el futuro de la Comisión por las expectativas generadas, ahora podemos decir que el avance es palpable y eso genera tranquilidad y confianza. No se ha resuelto el caso ni, mucho menos, el crimen colateral de los señores Musa, pero la detención de los autores materiales del crimen de Rosenberg es un enorme paso, gigantesco para el estándar guatemalteco, que nos permite confiar en que en el país se puede alcanzar la justicia.
La seriedad de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala queda ratificada ahora con este paso. Por supuesto que todavía quedan tareas muy difíciles y procesos complejos a los que deberá enfrentar con igual determinación, pero los guatemaltecos por primera vez podemos sentir algo de confianza en que se haga justicia y se logre el esclarecimiento de delitos graves. Estamos viendo que la justicia acaso sí sea posible en nuestro país.