El caso Barrientos desde otra perspectiva


Oscar-Marroquin-2013

Conozco al magistrado César Barrientos Pellecer y sé de los esfuerzos que ha realizado, muchas veces en solitario, por fortalecer el sistema de justicia en Guatemala y también que eso le ha generado muchas animadversiones porque no podemos pasar por alto que un sistema cooptado como el nuestro sirve a muy poderosos intereses. La noticia sobre la captura de su hijo, también abogado, como usuario de una red de trata de personas ha sido devastadora para él como padre de familia y, sin duda alguna, afecta la imagen de quien es el Presidente de la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Al comentar el caso del hijo de César Barrientos, algunos han señalado otro antecedente, el de su hija que es la abogada de los sindicados por el delito en el caso Bancafé, y no faltan los que se apresuran a decir que esas dos situaciones dejan en serio entredicho al magistrado. En redes sociales y aun en medios de comunicación establecidos, se habla de la familia “incómoda” de Barrientos Pellecer y quienes cuestionan su papel como Presidente de la Cámara Penal ven ahora una oportunidad muy especial para anularlo y para aniquilarlo como factor de importancia en cualquier esfuerzo por mejorar nuestro sistema de justicia.
 
 Yo quiero, sin embargo, abordar el tema desde otra perspectiva y es que históricamente en Guatemala, cualquiera que haya estado en una posición como la de Barrientos, con poder e influencia en las estructuras del aparato de justicia, ha podido apachar cualquier clavo que le afecte a él o que perjudique a sus amigos, no digamos a sus parientes más cercanos. Hubo un célebre caso en el que al bufete en el que participaba el hijo del entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia le llamaban el bufete de los milagros porque allí todo se arreglaba dadas las influencias que se traficaban en infinidad de casos. Fue un tiempo en el que proliferaron los pocos procesos de mala práctica médica en el país porque fue la especialidad del hijo del magistrado presidente.
 
 En el caso de la hija de Barrientos Pellecer, la abogada Claudia Barrientos, ella decidió litigar en defensa de los procesados por la estafa de Bancafé. Pero es evidente que eso no benefició a sus clientes porque éstos siguen en prisión interponiendo cualquier cantidad de recursos para retrasar el proceso. En otros tiempos, seguramente que mediante el tráfico de influencias la hija hubiera podido librar de la cárcel, por lo menos con alguna medida sustitutiva, a sus clientes por muy sonado que fuera el caso.
 
 Y respecto al abogado César Barrientos Aguirre, si nos atenemos a los numerosos antecedentes históricos, podríamos suponer que el tráfico de influencias hubiera servido para diluir el caso, evitar que llegara a la opinión pública y para librar al hijo de la sindicación de ser cliente de una red de prostitución. Sin embargo, y eso es lo que yo le respeto al magistrado Barrientos Pellecer, él se considera un padre acongojado por la situación pero que deja el asunto en manos de los tribunales de justicia.
 
 Deben de ser días muy duros para César porque no cabe duda que las circunstancias le afectan de manera muy seria y facilitan el trabajo de quienes desde hace tiempo vienen dedicando sus esfuerzos a atacar su trabajo y minarle la credibilidad. Desafortunadamente para él, sus hijos no han sido de gran ayuda en la lucha que emprendió desde la Corte Suprema por corregir situaciones que comprometen la administración de justicia y justo cuando se inicia el proceso de integración de las comisiones de postulación y su voz tendría que ser destacada, se produce este caso. Si creemos en las casualidades habría que decir “extraña casualidad”, porque el golpe debilita su posición de lucha, aunque su actitud evidencia su compromiso con la justicia.