El Cardenal Quezada Toruño, un tenaz defensor de los derechos humanos


El pasado fin de semana se conoció la información procedente de Roma relativa a la decisión del Papa Benedicto XVI, aceptando la renuncia del Cardenal Rodolfo Quezada Toruño como Arzobispo Metropolitano de Guatemala, por haber cumplido 75 años de edad, que es el lí­mite establecido en el Derecho Canónico para el desempeño de esas funciones dentro de la Iglesia Católica.

Félix Loarca Guzmán

Al mismo tiempo, el Santo Padre anunció desde el Vaticano la designación de Monseñor í“scar Vian Morales, Arzobispo de Los Altos con sede en Quetzaltenango, como sucesor del Cardenal Quezada.

 

De acuerdo con las versiones periodí­sticas, el nuevo Arzobispo asumirá sus funciones aproximadamente en el mes de diciembre. 

 

El retiro del Cardenal Quezada Toruño ha originado muchas reacciones encontradas, destacando las expresiones de cariño y solidaridad, por ser uno de los sacerdotes más queridos dentro de la sociedad guatemalteca.

 

En los casi diez años de su apostolado como Arzobispo Metropolitano de Guatemala mostró ser un gran defensor de los derechos humanos, principalmente de los pobres y en general de los sectores más desprotegidos de nuestro paí­s.  Una de sus últimas actuaciones buscando la solución a los problemas nacionales fue su destacada participación como mediador entre los Estudiantes por la Autonomí­a de la Universidad de San Carlos, EPA, y las autoridades de esa casa de estudios, lo que permitió poner fin a la toma por varias semanas de las instalaciones de la Ciudad Universitaria.

 

Yo traté personalmente al Cardenal Quezada cuando dirigí­a la Comisión Nacional de Reconciliación, cuya sede se ubicaba en la zona 10 de la capital de Guatemala. Por mi trabajo como Reportero-Redactor del Diario El Gráfico frecuentemente visitaba ese lugar, que siempre fue una importante fuente de noticias.

 

El Cardenal Quezada se ha distinguido como un tenaz opositor a las acciones en contra de la degradación del medio ambiente como la minerí­a a cielo abierto y la explotación petrolera en áreas protegidas como las del Petén.  Su incansable lucha por la defensa de los recursos naturales es sin duda uno de los más hermosos legados de su perí­odo como Arzobispo.

 

Ha sido ejemplar su preocupación por los derechos que toda persona tiene de nacer y vivir en un medio ambiente sano, no contaminado, y el derecho a vivir en paz.

 

El Cardenal cree firmemente que la atención a estos derechos es condición para el respeto a todos los demás, ya que no puede respetarse la vida, la salud, el trabajo, desde un medio ambiente deteriorado o desde una sociedad violenta.

 

Recordemos que Jesucristo fue el primer Procurador de los Derechos Humanos en el mundo, y que fueron sus enseñanzas las que impregnaron el humanismo intrí­nseco que la Iglesia pregonara posterior a su muerte por todo el mundo.

 

Sin lugar a equivocaciones, el Cardenal Quezada ha sido un fiel intérprete de las prédicas de Jesús, especialmente de su mensaje de amor cuando dijo: les doy un nuevo mandamiento: Que se amen unos a otros; así­ como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros.