El caos vial


Tras las fiestas de fin de año, empezamos a vivir nuevamente la «normalidad» y en nada se aprecia más que en el tránsito matinal, cuando millares de automovilistas congestionan las arterias del área metropolitana haciendo en realidad imposible el desplazamiento. La falta de un sistema de transporte colectivo eficiente, seguro y de amplia cobertura, obliga a la gente a buscar sus propios medios de transporte y por ello cada año aumenta el número de vehí­culos particulares sin que las ví­as sean suficientes para acomodar ese incremento.


Lamentablemente la Policí­a Municipal de Tránsito, tanto en la capital como en los municipios vecinos, hace lo que puede pero en la práctica nos damos cuenta que eso no es mucho. En algunos casos, no pocos desafortunadamente, los agentes muestran su falta de preparación y lejos de ayudar, entorpecen el movimiento de los vehí­culos. Por esa incapacidad se observan grandes atascos en distintos puntos de la ciudad, puesto que suplantando el papel de los semáforos, extienden el derecho de ví­a en alguno de los sentidos, perjudicando seriamente a quienes viajan en otra dirección.

Si existiera un monitoreo del efecto que tienen las decisiones de los agentes en algunos cruceros, pronto se darí­an cuenta que el remedio es peor que la enfermedad. Los agentes apenas si logran ver lo que tienen dentro de su limitado campo visual, pero los efectos de una tonterí­a se sienten y resienten a muchas cuadras de distancia y por ello un centro de monitoreo y control debiera implementarse para avisarles por radio cuando se han paseado en todo un sector.

Insistimos en que el mayor problema de nuestro tránsito es la falta de solidaridad y cooperación entre los automovilistas porque si todos estuviéramos más dispuestos a ceder el paso, a conducir en forma menos agresiva, seguramente que las consecuencias serí­an palpables y muy satisfactorias. Pero en medio de esa selva que es nuestro tránsito, afloran las más bajas expresiones de salvajismo.

El mismo grupo polí­tico tiene control del municipio desde 1985, y casi un cuarto de siglo más tarde apenas si ha podido implementar un ramal del transmetro. La urgencia de un sistema de transporte colectivo eficiente y seguro salta a la vista porque la situación cada dí­a se vuelve más difí­cil, pero no se ve que exista entre las autoridades una sentida preocupación ni entendimiento de la urgencia de actuar para atender una situación que está haciendo crisis. Implementar ese sistema moderno de transporte, que ofrezca seguridad al usuario, es la única salida para el caos cotidiano que nos agobia.