Para ir concluyendo con el canto gregoriano y sumándonos, también en este sábado, al homenaje del autor a Casiopea, alegría deshojada, luz que me aprisiona, sonoridad de fuente, enhiesto trigo maduro y alta estrella de mar danzante en la constelación Marte, dulce caracola posada en mis oídos.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela
Diremos que:
En aquellos lejanos días del siglo VI se empezó a utilizar una línea sobre la que, más arriba o más debajo de la misma, se escribían unos signos que representaban los sonidos. Si el signo estaba muy arriba de la línea, el sonido era más agudo, si estaba cerca o sobre la línea el sonido era ni muy agudo ni muy grave; si estaba por debajo era un sonido grave. Para determinar la duración del sonido, se usaron formas distintas y colores diferentes. Se agregaron a los signos de los sonidos pequeñas comas, llamadas neumas que indicaban el momento de respirar, es decir, cuándo los cantantes debían hacer una breve pausa para aspirar aire. Así se regulaba hasta la respiración de cada uno de los cantores de un conjunto numeroso que se llamó coro.
Esta forma tan disciplinada de cantar las oraciones se redujo paulatinamente a grupos bien entrenados, como los monjes de los conventos, en tanto el pueblo siguió cantando con menos orden y disciplina, hasta que dejó de cantar para escuchar a los monjes, que naturalmente lograban cada vez mayor habilidad y perfección.
La música se escribía en grandes libros, cuyas hojas y sus grandes notas eran visibles para un gran número de coristas. Estos libros, llamados misales, se colocaban sobre una especie de atril de gran tamaño, llamado facistol.
El canto llamado gregoriano en honor al Papa Gregorio “El Grande”, se canta sin acompañamiento de ningún instrumento y se deja que lo interpreten exclusivamente las voces humanas. Como se hacía en el interior de los templos, en las capillas, se llama en italiano Coro a Capella cuando no intervienen instrumentos. Tiene sus características especiales; está constituido por una sencilla y simple melodía (monodia) que cantan fielmente todos los participantes, es decir, es una sola voz aun cuando se suman las de todos los miembros del coro; todos cantan lo mismo, nunca suenan al mismo tiempo dos notas diferentes, siempre es una sola nota la que se mantiene. Las vocales se alargan y a veces, en una sola vocal mantenida largo tiempo, se cambian varias veces las notas que le corresponden. Los intervalos de silencio son pequeños. La vocal final es alargadísima y el sonido de la misma sube y baja de manera ligada.
El valor artístico del canto llano o gregoriano tuvo que esperar hasta el siglo XX para que fuera reconocido. Ahora se acepta como música de alto valor y se admira como una expresión perfecta de la emoción religiosa, de la fe y de la devoción. Aún el no creyente adquiere una actitud de solemne recogimiento.
El canto gregoriano llamado en el siglo XIII Cantus Planus o Cantus Firmus, prevaleció desde su fundación en el siglo VI hasta el XVI, en que por decreto pontificio fue abolido de los templos y monasterios. Sin embargo, también por decreto papal, a mediados del siglo XIX fue puesto en uso nuevamente. Actualmente se emplea en templos y conventos, y no se ha encontrado nada mejor para los fines esencialmente religiosos para los cuales fue concebido y desarrollado. Finalmente, los expertos convocados por el Papa Gregorio, contaban ya con antecedentes teóricos sobre la música, aun cuando ésta no se escribiese.