El Canto Gregoriano en la música occidental I


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Continuamos en la columna de este sábado con los apuntes de la Historia de la Música introduciendo a nuestros lectores en el Canto Gregoriano, sinónimo de espiritualidad y belleza. Esta música tiene cabida gracias a la declaración oficial que hiciera Constantino en el año 313 que hacía del Cristianismo la religión del Imperio. Así nació la Iglesia Romana.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela


De esta forma, se extiende en el mundo por la obra de los misioneros cristianos que recorrieron el territorio evangelizando y convirtiendo a reyes y príncipes gobernantes.  Pero antes de continuar es preciso hacer honor a Casiopea, esposa dorada que amo intensamente desde los puntales de sus pies despiertos hasta la frente sabia donde deposito mis besos.

Cuando un rey se convertía al cristianismo, su pueblo entero lo seguía.  De esta manera la Iglesia logró evangelizar casi todo el continente europeo.  El norte con mayor lentitud que el centro y el sur.  Los países más alejados como Noruega, Suecia, Finlandia, Gran Bretaña, fueron convertidos más tarde que lo que hoy es Francia, sur de Alemania, Italia y España.  Los países del Este, junto con Grecia, fueron convertidos al cristianismo no por la Iglesia Romana, sino por una facción disidente de la misma, la que se constituyó como Iglesia Bizantina.

Así se fundaron monasterios, misiones, abadías y conventos, se abrieron templos, se nombraron obispos y se ordenaron sacerdotes entre un gran número de fieles.  Uno de los primeros monasterios es el de Monte Casino, en Italia.  Fue fundado por San Benedicto para alojar la Orden de los Benedictinos.  En el siglo VI había en ese monasterio un monje llamado Gregorio, quien gracias a su talento y sus altas dotes llegó a ocupar el trono pontificio en el año 590.  Más tarde fue canonizado y se le conoce con el nombre de San Gregorio Magno “El Grande” o más popularmente conocido el Papa Gregorio. 
 
Eminentemente estadista, se dio cuenta de la necesidad de unificar las formas del culto cristiano para evitar nuevas divisiones como la bizantina o desviaciones de la doctrina.  Dictó leyes y códigos para que las formas rituales, el culto, la doctrina, las costumbres sacerdotales de los obispos y de la iglesia en general fueran iguales en todos los lugares, a pesar de las diferencias locales y para que existiese unidad.

Prevalecía la costumbre hebraica de cantar las oraciones en coro por los sacerdotes y los fieles, bajo la dirección del oficiante de la misa, pero naturalmente, aun cuando los textos eran los mismos, la forma del canto, la melodía y otros aspectos cambiaban constantemente y era imposible mantener unidad cuando estas ceremonias, ritos y cultos se efectuaban en lugares muy alejados y casi incomunicados unos con otros.  No existía un método para escribir y ejecutar la música o para leerla, pues era transmitida oralmente, confiando en la memoria del ejecutante. 

Los antiguos egipcios y más tarde los griegos –que habían desarrollado ampliamente el arte musical–, escribían su música con sistemas que aún no han sido interpretados ni descifrados; por lo tanto, esa música se ha perdido para la historia, aun cuando al conocer los instrumentos, se supone cómo era.  Los cristianos del siglo VI tampoco podían fijar las melodías usadas en las oraciones por la falta de un sistema de escritura de los sonidos.

El Papa Gregorio, entre otras muchas cosas que realizó durante su pontificado, reunió en un Concilio a los expertos disponibles para que inventaran una forma de escribir los sonidos y fijarlos, de manera que quien pudiera leer estos textos pudiera interpretar la música y ésta fuera siempre igual y de acuerdo con lo escrito.

Los expertos se reunieron, estudiaron, deliberaron y se ingeniaron para producir el origen del sistema de notación musical, no por completo durante su tiempo, pero lograron establecer las bases.  El sistema tardó muchos siglos más para darse por concluido y puede decirse que hasta nuestros días no se ha logrado su pleno desarrollo.