El cáncer está totalmente regado


Nada hay más doloroso para un enfermo de cáncer que saber que el mal se ha regado y que lo que empezó como un tumor localizado, extraí­ble o, en todo caso, objeto de tratamiento quí­mico o con radiaciones, se regó por todo el cuerpo de manera incontrolable. Pues exactamente eso es lo que le ocurre a Guatemala con la corrupción, puesto que desafortunadamente no se trata de un tumor localizado cuyo tratamiento permita pensar en una remisión definitiva de la enfermedad.

Oscar Clemente Marroquí­n

Bajo ese sí­mil, hoy podemos estar controlando un tumor especí­fico con la captura de Alfonso Portillo, pero las metástasis están por todos lados y algunas son mucho más malignas, si cabe, que la sometida a control. Preocupa ver que todo el esfuerzo se centra en la extirpación de uno de los tumores y que la quimioterapia y la radioterapia se focalizan en el más visible, mientras que los otros no sólo se mantienen inadvertidos sino que hasta son alimentados para que sigan realizando su destructiva función. En Guatemala somos muy peculiares, sobre todo los grupos dirigentes compuestos por capitalinos polí­ticamente correctos. Nos hacemos de la vista gorda cuando los actos de corrupción son sofisticados y se ocultan en bien pensados instrumentos jurí­dicos diseñados por la crema y nata del foro nacional. Esos no son robos, sino negocios realizados a la sombra del poder y nadie reclama ni los ve mal. Es más, como sus autores son gente que siempre ha pertenecido a la élite del paí­s, las nuevas fortunas amasadas no hacen sino encumbrarlos más y convertirlos en paradigmas del éxito. En cambio, cuando un polí­tico pueblerino hace de las suyas, generalmente lo hace burdamente y sin contar con la selecta asesorí­a de los más conocidos y reconocidos abogados. Dan cajonazos y se clavan el pisto llegando en blindados a la misma caja fuerte de los bancos estatales. El hecho de que quien manda sea oriundo de un remoto lugar del «interior del paí­s» es ya inaceptable de por sí­ y suficiente para que el ojo escrutador le vigile con un celo que nunca se muestra para contar las costillas al hombre de empresa que llega al poder. Y vale la pena que pongan su barba en remojo los que ahora están en la guayaba, porque reconociendo el enorme poder de la esposa del Presidente, quien también tiene orí­genes provincianos, para no usar las palabras más comunes para describir a los que, como ella, son medio fueranos, no serí­a raro que les caiga el mismo rasero que ahora se usa en el Caso Portillo. Yo creo que la sociedad tiene que recapacitar y ver que la extirpación de un tumor no puede ser solución cuando el cuerpo está lleno de metástasis. Hay que dirigir la quimioterapia de amplio espectro a los otros tumores y la radioterapia intensiva a los que se muestran de mayor malignidad. El nuestro es un cuerpo social profundamente afectado por el cáncer de la corrupción y es un espejismo mortal creer que con la extirpación del tumor más visible se ha resuelto el problema. Claro que hay que atacarlo porque ninguno debe quedar al margen del esfuerzo de sanación, pero así­ como serí­a estúpido y hasta un fraude que el oncólogo baboseara al paciente centrando su atención sólo en lo más fácil, en el que está a flor de piel, tenemos que entender que no nos podemos engañar si nuestro interés es sanear a ese pobre enfermo que se llama Guatemala.