El CAMIP, y la indignación del maltrato a los pacientes, debemos poner un ¡hasta aquí!


GLADYS_MONTERROSO

“Los que en realidad aman la vida, son aquellos que están envejeciendo.” Sófocles

Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es


Desde hace mucho tiempo he estado observando el maltrato que se les da a las personas de la mal llamada tercera edad; a los niños recién nacidos se les llama de la primera edad, pero ¿Cuándo inicia y termina la segunda edad, para llamar a las personas mayores de 60 años de la tercera edad? Encontré el Tratado de psicología evolutiva, de EMPLEIN, H. R. impreso en la Editorial Labor,  de Barcelona, en 1974 el mismo indica que “La  Edad adulta tardía se establece entre los 42-44 años a los 56-58, posteriormente viene  la Presenectud que va de los 56-58 años, a los 68-70. En Guatemala, y en la práctica, uno de los problemas mayores radica en que cuando la persona tiene mayor madurez intelectual, se le envía a un estatus relegado, se les trata como inservible. Prueba  de ello es que habiendo contribuido toda su vida útil, para el mantenimiento, tanto del personal administrativo, como médicos, enfermeras, e instalaciones, así como la compra de aparatos y material médico,  se les da un trato más que infrahumano, en el CAMIP, varias veces me he acercado, he preguntado y  he observado el trato que reciben, y con base en este ejercicio de preguntar, observar y lamentar, escribo el presente artículo.

Al paciente, llamado malamente jubilado, se le asigna una clínica, en donde el médico/a refiere al mismo a las mal llamadas Clínicas de Apoyo, en  donde le indican su próxima visita, la que puede variar entres 6, 9 meses, o un año, sin embargo, cada dos meses, tiene que presentarse para que revisen su expediente, y le entreguen sus recetas, ¿A qué hora cree que tienen que estar, estas dignas personas para recibir las recetas? Principian a llegar desde las cuatro de la mañana, no vaya usted a creer, que existen sillas cómodas como en los bancos para sentarse y esperar su turno, tampoco agua pura, o café, ¿Para qué? Menos baños limpios, esos lujos son para otras instituciones en donde le venden un producto, para los jubilados, eso es un derroche de dinero. No señor su espera es de pie, esta espera puede durar hasta cuatro horas, solamente si consigue llegar a tiempo a que le entreguen un número rojo, si es azul, porque llegó más tarde, le darán un número azul, y el castigo residirá en que la entrega de las recetas será después de las tres de la tarde.

Pero ¿Qué sucede detrás de las llamadas Clínicas de Apoyo? Pues, como sus pobres empleados llegan muy temprano a trabajar, primero tienen que desayunar, las mujeres que son tres, tienen que maquillarse, y comentar cualquier cosa, como si en su casa se encontraran, o en un restaurante, reciben y tratan a los pacientes como desechables, haciendo alarde de sus más pronunciados malos sentimientos, ¡Y no se le vaya a ocurrir a alguien, llegar un día después de su cita¡ simplemente le tiran el carnet en el rostro, y que pase el siguiente, sin escuchar, ni aceptar excusa alguna, no importa si la persona tiene 80 años, si llegó en camioneta, o que historia existe detrás de este valioso ser humano, pueden estar viviendo cualquier clase de duelo entre los muchos que se pueden vivir, porque el duelo, no es un sentimiento que surge solamente  por la pérdida de un ser querido, usted, puede llevar un duelo muy grande en el alma, yo también, cuando he observado lo que le explico.

Posteriormente, con receta en mano, se tienen que trasladar a la farmacia, que no es Meykos naturalmente, está mal llamada farmacia, es una gran bodega, en donde no existe ventilación; sé de muchos jubilados que se han desmayado esperando las medicinas, aquí sí hay unas 20 bancas, para un promedio de 3 mil personas diarias, la mayoría, permanecen de pie, esta situación puede tardar cuatro horas más, naturalmente, sin atención alguna, lo más común se da cuando después del calvario vivido, le digan que no tienen la medicina, y le anotan en la receta, el número 24401268, para que no pierda su tiempo en volver a llegar, y que la medicina, para variar no se encuentre en “la farmacia”, número de teléfono que nadie contesta.

Como no todos los jubilados reciben respuesta, (una mínima parte con suerte sale con sus medicamentos) tienen que llegar todos los días, (Ese es el motivo del promedio de 3 mil personas diarias) y preguntar si ya llegó la medicina. Cuando al fin se les concede la gracia de recibir la buena noticia que ya tienen su medicamento,  su receta está vencida, por lo que envían al jubilado (Que cuenta con todo el tiempo del mundo, y la fortaleza de un joven de 20 años) a la clínica a revalidar su receta, porque la misma se encuentra vencida, con la misma revalidada, tiene que hacer la fila, que oscila entre 2 a 3 horas, pero ya sea que haya medicamento o no tienen que visar sus recetas, en donde existen cuatro ventanillas, pero no funcionan todas (Si, como en algunos bancos), porque los servidores públicos, están jugando, platicando, o lo que se les ocurra (al fin y al cabo un favor les hacen a los jubilados).

Usted se preguntará, qué medicamentos necesitan más los excluidos del Servicio social común que no es mejor, le cuento, carbanazepina, mecandis, ibecartan, aprovenzolina, así como jeringas, ya que desgraciadamente los llamados “enemigos silenciosos” esas enfermedades que atacan a muchos pacientes del CAMIP, al no estar controlados debidamente, pueden causar cualquier trastorno,  con consecuencias como la muerte, que el IGSS, naturalmente jamás reparara.

La sociedad guatemalteca desgraciadamente valora enormemente varias calidades del ser humano, que no son precisamente cualidades, la juventud, la “belleza”, aunque esta no sea natural, y como la primera es pasajera, pasa como un suspiro, y no le damos su debido valor a lo que lo tiene, me molesta, me indigna, y juro que lo tiro a la basura el suplemento que en varios diarios a manera de publicidad incluye como un informativo el IGSS, más aun sabiendo y conociendo de las falencias que adolece esta institución, la que fue creada con nobles fines, pero que actualmente no cumple con ellos, más aún tiene una deuda enorme, tanto con los niños como con los jubilados, quienes han dejado parte de su vida trabajando para el progreso de este país, porque cuando ellos fueron parte de la vida productiva, no existía la tecnología con la que hoy contamos.

EL PROBLEMA NO ES LA EDAD, COMO DIRÍA ARJONA, EL PROBLEMA ES QUE LA VEMOS COMO UNA ENFERMEDAD INCURABLE, Y NO LO ES.