La elección de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos no está haciendo historia únicamente por el color de la piel del futuro inquilino de la Casa Blanca, sino especialmente por el estilo que imponen sus primeras acciones. Se había dicho que Obama es un apasionado de la historia y especialmente se identifica con la presidencia de Abraham Lincoln y que uno de los temas que siempre ha destacado es su admiración por la forma en que se conformó el gobierno de Lincoln, integrado en buena medida por quienes habían sido sus más fuertes adversarios.
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Hace falta tener mucha seguridad en sí mismo para convocar, por ejemplo, a la señora Hillary Clinton para discutir la posibilidad de que se haga cargo de la política exterior desde la Secretaría de Estado. La mayoría de políticos mediocres prefieren rodearse de gente también mediocre para evitar que les hagan sombra figuras de relieve, pero evidentemente cuando se trata de verdaderos estadistas y de personalidades seguras de su propia capacidad, entienden que el éxito estará en función de la calidad del equipo que logren conformar.
Pero ayer ocurrió un gesto extraordinario cuando Obama se reunió en sus cuarteles de Chicago con el candidato republicano, el senador John McCain, alcanzando importantes acuerdos sobre los temas en los que podrán cooperar en el futuro. Evidentemente hay aspectos de política doméstica en los que no puede existir acuerdo porque son los que definen la diferencia ideológica entre ambos partidos y matizaron las distancias durante la campaña electoral, pero una importante gama de asuntos cruciales para el país permitieron acuerdos determinantes que ayudarán a los norteamericanos y aun a la especie humana si entendemos la importancia de asuntos como el calentamiento global.
En este caso no se trata únicamente de la calidad humana y personal de Obama, sino del reencuentro de McCain con su verdadera naturaleza, misma que había sacrificado por seguir las instrucciones de los estrategas republicanos inspirados por Karl Rove y cuya meta fue destruir al rival más que enaltecer al candidato propio. Por supuesto que McCain, en la medida en que vuelve a su origen político, tendrá menor influencia en el Partido Republicano pero su voto como senador será muy importante cuando se aborden los temas puntuales en los que ayer alcanzaron acuerdos. La reactivación de la economía y la aprobación de paquetes de estímulo que devuelvan a los norteamericanos la prosperidad perdida en estos ocho años es uno de los puntos en los que los dos candidatos pudieron lograr entendimientos decisivos.
Creo que ese cambio de estilo que se ve ahora con sus rivales, con quienes está teniendo conversaciones sin condiciones previas, es un adelanto de lo que puede ser su relación con otros líderes mundiales, abriendo espacios para una nueva forma de hacer política desde la mayor potencia del mundo. Es pronto para asegurar que Obama podrá mantenerse fiel a sus ideas a lo largo de las dificultades que plantea el ejercicio del poder más grande del mundo, pero los indicios hasta hoy son más que alentadores y abren los ojos sobre los cambios que pueden y deben darse en el mundo.