En otros tiempos, con la entrada y salida del invierno, especialmente los niños se afectaban del estómago, y mi abuela decía que era porque en esas épocas se «alborotaban las lombrices», parásitos intestinales, y les daban antihelmínticos para sacárselas.
Me parece que tal discernimiento no andaba tan fuera de lugar, porque los niños no dejaban de quejarse de dolores estomacales, y quienes estaban en la escuela faltaban a sus clases. Esa sintomatología la he estado observando en estos días con mis nietos, un día es uno, otro día es otro y se sigue el mismo procedimiento, darles antihelmíntico, sólo que ahora es envasado, antes había que ir a la farmacia a que lo preparara el farmacéutico.
Los papás deben tomar nota de esta circunstancia para no perderse en un mar de conjeturas, si será algo que comió, si será el apéndice, si será esto o lo otro, pero lo mejor es llevar a un laboratorio biológico una muestra de heces fecales para saber si tiene parásitos y de que clase. Y no se crea, también a los adultos les sucede lo mismo, por lo que es aconsejable realizar esa práctica.
Se me ocurre que especialmente en las escuelas públicas de prekinder y kinder debieran hacer un contacto con un centro de salud, equidistante, a donde llevar a esos niños para que les hagan ese examen tratando, si es posible que sea gratuito a un precio económico dado la precariedad que en ese sentido presentan muchas familias.
A uno se le ocurren ideas y a veces tienen buen resultado. Claro, ahora se está trabajando con divulgar las medidas de prevención para evitar contagio y propagación de la fiebre A-H1N1, y hay que ponerles atención y llevarlas a la práctica. Yo no sé si ese virus podría ser transportado por el viento, y así como la fiebre común se transmite por medio de los estornudos, esta pudiera ser igual, entonces hay que usar mascarilla. Eso lo dirán quienes saben de estas cosas. También de esto hay que preservar a los niños y a los ancianos, quienes son vulnerables a contagiarse.
Retornando a los parásitos intestinales, no sé si el Ministerio de Salud pudiera tomar algunas medidas al respecto, como por ejemplo poner a la disposición, de manera fácil, laboratorios biológicos en donde preferentemente se atendiera a las mamás que se presenten con sus hijos quejándose de dolor de estómago y en caso positivo proporcionarles la medicina.
Esto mismo debería repetirse al final del invierno. Creo que si hay buena voluntad y con un poquito de esfuerzo esto sería posible, y no sólo en la ciudad capital, sino en el interior del país, en donde se observa a muchos niños «bombilla» a causa de esos parásitos, aunque en estos casos, la práctica debiera ser permanente.