El calvario de los migrantes


El Presidente, el Vicepresidente y la Cancillerí­a ya no pueden dejar de reconocer que la migración que realizan hombres, mujeres y adolescentes guatemaltecos se ha convertido en un calvario.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

CNN ha expuesto lo que es el tren de la muerte que en territorio de México, de Arriaga o de Tonalá, millones de migrantes toman para desplazarse a la frontera México-Estados Unidos. Son miles los que al hacerlo han quedado mutilados, muerto o desaparecido en el trayecto.

El testimonio presentó evidencia que hay sensibilidad en algunas personas en la ruta que sigue este denominado tren de la muerte, pero esa sensibilidad es insuficiente y cada dí­a más se ve avasallada por el crimen organizado que secuestra, chantajea y asesina a miles de migrantes en dicha ruta, afectando en todo sentido a ellos y a sus familias.

La crueldad, los hechos de asesinato, maltrato, violación, robos y demás abusos que sufren en México millones de seres humanos durante un año por el simple hecho de ser migrantes rebasa sus lí­mites cada dí­a al punto que si las autoridades mexicanas no refrendan esos abusos a los derechos humanos esto es cada dí­a más parecido a un holocausto.

Qué triste, qué inconcebible que un pueblo latinoamericano, cristiano, de voto de la Virgen Marí­a reciba ese calificativo por lo que cometen los criminales, narcotraficantes y autoridades corruptas. Es inaceptable que el Gobierno de México, el Gobierno de Guatemala y demás gobiernos de América Latina se queden en palabras y no puedan dominar esas acciones de lesa humanidad.

Hablar que la inmigración podrá ser contenida porque México a su vez construya un muro tan severo y tan oprobioso como el que los Estados Unidos ha construido en la frontera con México sólo evidencia que no se comprende o se quiere comprender que la inmigración es producto de la pobreza, de la extrema pobreza, de la falta de trabajo, de los malos salarios mí­nimos y de la carencia de oportunidades para que la mayorí­a de los habitantes de nuestros paí­ses puedan dejar de ser pobres y miserables.

Nadie inmigra porque lo quiera hacer, muy pocos son los inmigrantes que lo hacen huyendo de la justicia. Más del 99% de los que inmigran lo hacen por necesidad, buscando un salario, un puesto de trabajo que les permita dar de comer a sus hijos, mejorar las condiciones materiales de su familia, tener la posibilidad de adquirir un terreno, una casa o de reconstruirla y mejorarla.

Si a Guatemala le prohibieran exportar la totalidad de café que produce y exporta, la totalidad del impacto económico serí­a menor que perder las remesas familiares que honrada y dignamente un millón y medio de guatemaltecos enví­an a sus hijos, a su esposa, a sus padres para que no se mueran de hambre, para que puedan pagar alimentación, salud, educación, luz, agua y vivienda, incluyendo impuestos.

Si el Gobierno lo único que lograra fuera un Estatutos de Protección Temporal a favor de mujeres y adolescentes que se encuentran como inmigrantes en los Estados Unidos, habrí­a logrado algo más importante que duplicar todas nuestras exportaciones juntas al mundo. Ese deberí­a ser a partir de hoy el primer objetivo del presidente Colom, del vicepresidente Espada, del canciller Rodas y de los 158 diputados que integran el Congreso de la República.

Nadie puede negar que sin la mano de obra que estas personas de buena fe representan, la producción de alimentos en los Estados Unidos se triplicarí­a en costos y que para nosotros legalizar la inmigración y los permisos de trabajo es y debe ser lo más importante. ¡El territorio de Belice es parte de Guatemala!

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