En el altiplano guatemalteco, en las alturas de los volcanes Tolimán y Atitlán, se cultiva un excelente café de aroma profundo, robusto y un sabor encantador. El Comité Campesino del Altiplano (CCDA) acopia la cosecha de sus asociados, población indígena, la pasa por el proceso de beneficiado, la tuesta y la empaca para su comercialización buscando mercados solidarios en Europa y Canadá. A su producto le han llamado Café Justicia.
Con el Café Justicia han logrado mejorar los ingresos de los agricultores campesinos y con ganancias de la venta impulsan una diversidad de actividades de servicios para los habitantes de la región y fortalecen sus procesos organizativos. Este café es de buena calidad, pero además, la marca Justicia nos comparte una historia detrás de cada empaque que se vende, es la historia de las luchas campesinas de las tierras altas. El color rojo del fruto del café es igual al de hace 150 años, cuando el impulso de este cultivo fue vertiginoso. En ese entonces, el Gobierno despojó a cientos de comunidades indígenas de sus tierras y las entregó a inversionistas y aventureros nacionales y extranjeros, promulgó leyes de trabajo forzoso en las faenas de las fincas cafetaleras. El expolio y la dominación se perpetuaron en este país de injusticias seculares.
Hoy, aunque el color del café es el mismo, hay procesos comunitarios y organizativos, como los del CCDA, en los que la población campesina e indígena ha luchado para la obtención de tierra. El proceso de organización social comunitaria en los tiempos de guerra interna fue el origen de este movimiento, sus líderes fueron perseguidos, pues no era permitido que nadie exigiera derechos. A un gobierno contrainsurgente cualquier manifestación social le sabía a comunismo. En la actualidad el CCDA tiene un papel fundamental en el avance de logros sociales en el país. Ha sido parte de los grupos organizados que han formulado e impulsado iniciativas de política y leyes que, de ser aprobadas, favorecerían condiciones para el buen vivir de las poblaciones rurales y urbanas. Junto a esta lucha reivindicativa el Comité logra impulsar de forma efectiva sus procesos productivos, de manufactura y comercialización del Café Justicia. Impulsa también procesos de formación técnica para generar capacidades en la población de la región.
Los avances para la organización en materia productiva son evidentes, pero las victorias políticas son relativas. En esta lucha de poder, los terratenientes, ahora industrializados, se aprovechan del capital acumulado en siglos de explotación y manejan muy bien su estrategia para sostener el orden establecido. Se oponen de manera férrea a la promulgación de leyes de beneficio colectivo, y abrazan como cruz sagrada el derecho a la propiedad privada, por sobre los derechos a la vida digna, al trabajo y la salud del resto de la población. El Gobierno actual es un instrumento hábil y formado para permitir el avance del capital sobre los territorios rurales. Es una amenaza nueva y fuerte para comunidades y organizaciones que, como el CCDA, se oponen al nuevo despojo en los territorios. La represión militar se está incrementando en zonas donde las comunidades más resisten. Las organizaciones sociales están lanzando una alerta internacional sobre estos actos gubernamentales. Para la sociedad civil, empieza a tener nuevo sentido la vieja consigna popular de “a mayor represión, mayor organización”.
Cada vez que se siente a la mesa a tomar una aromática taza de café, recuerde el Café Justicia y las luchas cotidianas que en Guatemala está llevando la gente que cultiva el grano. ¡Mientras más intenso sea el sabor del café, tenga por seguro que más intensas serán las luchas de nuestros pueblos!