El buen morir


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Mucha de la gente que cuenta con un diagnóstico terminal, es decir, con la existencia de una enfermedad que acabará más temprano que tarde con su vida, cuando procesa dicha información y llega a la conclusión de que es parte de los gajes de la existencia. Requiere morir con dignidad, así como también deseó vivir con ésta.

Dra. Ana Cristina Morales


Cuando se tienen recursos económicos considero que en algunas ocasiones puede ser más sencillo. Ya que la escasez de estos, pueden conducir a un deterioro de modales, educación y buenos tratos. Aunque claro está pueden ocurrir sus excepciones y cuando estas suceden es loable observar como la familia, amigos, personal sanitario y la comunidad. Ayudan al buen morir de una persona.

Digo esto de los recursos económicos, porque un gran número de gente, se encuentra concentrada en lograr sobrevivir la cotidianidad. Sus enfermos se sienten como una carga más, muchas veces se quedan solos, sin compañía que atienda sus necesidades. Debido que frecuentemente no pueden permitirse el lujo de dejar de trabajar, desearían compartir más tiempo con ellos, poder llevarlos a sus consultas médicas respectivas. Pero en estas condiciones se necesitan aún mayores recursos para la vida. Compra de alimentos especiales y de medicamentos entre otras. Por lo que la culpa en los familiares y amigos suele imperar.

La urgencia de camas en los servicios de atención pública hospitalaria, pueden precipitar los egresos de estos pacientes. En una ocasión una señora expresó al médico del servicio: por favor doctor, no me de salida, no quiero ir a morir en soledad, en mi casa no hay luz eléctrica, no tengo cama, el piso es de tierra. Deseo morir en una cama, me da miedo la oscuridad y no habrá nadie conmigo. El médico se esforzó ante la presión administrativa de no egresar a esa dama y así cumplir su último deseo. De manera afortunada, el fin no le llegó tardío, y logró morir en las condiciones ansiadas.

En un segundo relato: Quiero un agua gaseosa, de lata y de sabor naranja. Chirriaba un hombre en su cama. Sólo pudo ser escuchado por el personal de enfermería. Él se encontraba con pocos días de hospitalización. Pero su deterioro galopante, hacía presumir y oler su proximidad con la muerte. Las enfermeras dudaban de cumplir su deseo. Hasta que alguien próximo a su cama, otro enfermo, las empujó a cumplirlo. Se realizó una colecta de dinero entre las mismas. Y le llevaron el agua de naranja. El enfermo protestó al no ver la lata y en su lugar ver una botella plástica. Sin embargo, bebió de la misma con avidez, sintiéndose complacido. Su muerte no esperó ni siquiera dos días. Pero ese ínfimo deseo aún le fue permitido.

Estas son cosas de las que no se hablan. Pero que suelen suceder. Aun ante las circunstancias de trabajo apremiantes, que muchas veces reinan dentro de los servicios hospitalarios públicos. Lo humano se hace humano y entonces aparecen bondades.

La compañía, atención y el cumplimiento de posibles deseos, se constituyen en una parte importante del buen morir de las personas. Brindándoles un trato respetuoso, considerando sus necesidades y deseos. Ayudándoles a aceptar, tal vez, su muy difícil, esperada o inesperada muerte. Ya sea en su casa o en un servicio de atención hospitalaria. El buen morir es tan importante como el buen vivir. La dignidad no debería presumirse que se extinga ante la presencia de la muerte.