El binomio de la esperanza


ílvaro Colom (ingeniero) y Rafael Espada (médico cardiólogo) constituyen el binomio que el Partido Unidad Nacional de la Esperanza eligió y propone al pueblo de Guatemala para gobernarnos.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Colom se ha desarrollado en una mezcla de empresario de las exportaciones no tradicionales y funcionario público nombrado por tres distintos Presidentes. Su figura alta y desgarbada no es desconocida a nivel nacional, ha tratado de alcanzar la primera magistratura en tres oportunidades y poco a poco fue gestando un partido multifacético, donde existen personas que reflejan nuestra sociedad, algunos de mi gusto y otros no.

Rafael Espada, conocido cardiólogo de fama internacional, vinculado a cientos de figuras nacionales a las que le ha prestado sus servicios, estableció la fundación que lleva su nombre y que es la mitad de UNICAR, entidad que vino a satisfacer profesionalmente y con mucho más bajos costos, la necesidad de Guatemala y en parte de Centroamérica, de poder realizar las impresionantes cirugí­as de corazón abierto y el implante de stends que tantas vidas han aliviado y salvado, incluyendo la mí­a. Surge de la noche a la mañana como aspirante a la Vicepresidencia de la República, dicen que llegó con el pan bajo el brazo y por ello superó en su pretensión y aspiración polí­tica a otras figuras que podrí­an haber acompañado a ílvaro en el binomio de la esperanza.

Sus detractores los señalan de no ser figuras adecuadas para emplear métodos que combatan la criminalidad con la máxima agresividad. De ser electos, seguramente se acoplarán entre sí­, aún cuando las probabilidades señalan que el vicepresidente Espada no será una figura determinante, no porque le falte inteligencia, más bien porque no tiene la vivencia y la experiencia polí­tica y la formación jurí­dica que le facilite el manejarse dentro de un sistema de tradición románica-napoleónica que caracteriza nuestro sistema jurí­dico administrativo. Le llevará tiempo establecer relaciones con el Congreso y por ello su condición de operador polí­tico no será impactante; sin embargo, su relación con algunos de sus antiguos pacientes y/o parientes le facilitará, por haberles prolongado o salvado la vida como cardiólogo, ser un amigable componedor para que muchos de sus multimillonarios clientes se pongan la mano en el corazón y paguen impuestos que permitan un desarrollo social con equidad.

ílvaro Colom tendrá que rodearse del mejor de los gabinetes que hayamos visto desde 1986, soltar todo el lastre que los rodea y extraer de su filosofí­a polí­tica social demócrata, la mayor fuerza y los ingredientes para realizar un gobierno incluyente, que nos pueda dar el espacio y el viraje para que Guatemala se aparte de la extrema derecha, de la sombra y del poder detrás del trono, de la cúpula económica. Si se le eligiera y tan sólo pudiera elevar la carga tributaria para satisfacer las necesidades de educación, salud, vivienda e infraestructura, habrí­a justificado su pretensión de aspirar, él y su compañero de fórmula, a gobernarnos, a heredar en parte el prestigio polí­tico del apellido Colom.