La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señora Louise Arbour, dijo en una ocasión que la pobreza es el más grave de los desafíos que afronta el mundo en lo que respecta a los derechos esenciales de las personas.
Cuando una proporción enorme de la población guatemalteca, alrededor del 54 por ciento, vive con la realidad o la amenaza de una situación de pobreza y una de cada cinco personas se halla sumida en una pobreza tan abyecta que pone en peligro la supervivencia como ha ocurrido con los niños del corredor seco que han muerto de desnutrición, las esperanzas de una sociedad libre de la miseria y del miedo a morir de hambre o de una enfermedad, siguen siendo una lejana aspiración.
La Alta Comisionada de la ONU expresó en esa oportunidad, que la pobreza no es un accidente del destino. Y aunque no entró en detalles, hay que recordar que este fenómeno es resultado de la injusta distribución de la riqueza a nivel interno y del permanente saqueo de los mejores recursos del país por parte de las compañías transnacionales con la complicidad de los sectores de la oligarquía local.
El aumento de precios, es sin duda, un detonador de la pobreza. En los últimos días y en nombre de la «economía de libre mercado» se ha agudizado el alza desmesurada de los artículos y servicios vitales para la supervivencia humana como los productos agrícolas, la electricidad, el agua potable, los combustibles y otros, ante la tolerancia de un gobierno flojo como el del presidente ílvaro Colom que a pesar de presentarse con la bandera de socialdemócrata, en la práctica tiene todo el perfil de un régimen de centro derecha.
Luego de que escondieron el azúcar, ahora como por arte de magia la misma comienza a reaparecer pero con un precio más alto. El aumento es de más de un quetzal por libra. Así ha sido siempre. Si revisamos los periódicos de las distintas épocas, la maniobra fue semejante a la de otros tiempos. Los argumentos son idénticos en el sentido que hay suficiente abastecimiento y que todo se debe a una acción del contrabando hacia otros países.
El único período en que los distintos grupos que participan del dulce negocio del azúcar no pudieron hacer su agosto, fue en el del presidente Alfonso Portillo, quien los puso en cintura frenando sus acciones de enriquecimiento al ordenar la inmediata importación de ese producto de Brasil y Cuba con arancel cero, con lo cual obligó a esos perversos sectores empresariales a bajar el precio. Lo mismo ocurrió con otros insumos como el cemento, el pollo, etc. Por eso, es que las camarillas oligárquicas detestan al ex gobernante y están felices de verlo en la cárcel.