El atentado del 20 de julio (2ª. Parte)


Stauffenberg voló de regreso a Berlin llegando tres horas más tarde y fue informado que Hitler no habí­a muerto, que la conspiración habí­a fracasado y que el Fí¼hrer hablarí­a a las nueve de la noche. Mientras tanto se movilizaban las SS al mando del coronel Otto Skorzeny para capturar a los implicados.

Doctor Mario Castejón

El maletí­n conteniendo la bomba fue movido por el general Heinz Brandt y colocado detrás de una de las gruesas defensas que soportaban la mesa de roble de 1.5 x 4 metros, con lo cual se salvó Hitler aunque Brandt y tres más murieron. El hecho de no haber activado la segunda bomba fue fatal y asimismo, que el sitio de la reunión era una pieza con 10 ventanas abiertas. La falta de comunicaciones de Rastenburg a Berlí­n rompió con el seguimiento de la conspiración cuando ya los mandos de la O.K.W (Over Kommando Wehrmacht) en el frente del Oeste, generales Von Stupnagel y Von Falkenhausen habí­an iniciado la acción, ambos habí­an sido convencidos por el mariscal Erwin Rommel uno de los más altos lí­deres involucrados y probablemente quien estarí­a a la cabeza de Alemania

El Jefe de la Plaza de Berlí­n, general Von Haze, llamó al comandante Otto Remer jefe de la Guardia Grossdeutschland enterándolo de los sucesos y le ordenó controlar los ministerios y las S.S. Estando frente al Ministro de Propaganda J. Goebbels creyéndolo otro conspirador Hitler llamó a este para informarle que estaba vivo, el incrédulo Remer tuvo que escuchar la voz del Fuehrer quien por teléfono lo ascendió a Coronel y le otorgó la Cruz de Hierro alentándolo a actuar rápido y sin piedad. El plan habí­a fracasado, pero Von Stauffenberg decidió seguir adelante refugiándose en la casa de la Bendlerstrasse. Muchos de los conspiradores principiaron a tratar de cubrirse las espaldas y se echaron para atrás y dentro de éstos un grupo de oficiales del mando del general Friedrich Olbricht irrumpieron en el lugar y después de un tiroteo Von Stauffenberg fue herido y capturado. Su Jefe inmediato el general Friedrich Fromm, quien estando enterado de la conspiración habí­a sido aislado profilácticamente salió y regresó más tarde indicando que un tribunal militar los condenaba a muerte proporcionando un arma al general Ludwig Beck para suicidarse atendiendo a su edad. A medianoche Von Stauffenberg fue sacado al patio del Cuartel y frente a los faros encendidos de un vehí­culo militar fue fusilado con su ayudante Von Haeften junto a los generales Hoepner, Olbricht y Mertz. Estaba sereno, habí­a hecho su confesión con el Obispo de Berlin el dí­a anterior y antes de morir enfrentó al pelotón de fusilamiento diciendo: «Viva Nuestra Amada Alemania»; su cuerpo fue desenterrado al dí­a siguiente para retirarle las condecoraciones del uniforme por orden de Hitler

Las represalias posteriores fueron terribles asesinando sobre la marcha a más de mil de los conjurados, entre ellos Bernhard, hermano de Von Stauffenberg quien murió por estrangulación lenta con otras personas usando sus verdugos alambre de piano, todos a la vista de los Jueces de los Tribunales del Pueblo nombrados por Hitler. Las ejecuciones y torturas fueron filmadas y más tarde mostradas al Fuehrer en su sala de sesiones en donde se podí­an ver los cuerpos colgados con ganchos de carnicerí­a. Cerca de 7 mil personas murieron al final de la investigación, incluyendo muchos por ser familiares de los implicados. Nina esposa de Von Stauffenberg fue internada en un Campo de Concentración en donde dio a luz su cuarto hijo. Un caso especial fue el de Rommel, el Zorro del Desierto, quien habia sido herido en Francia y convalecí­a en su casa, tres meses después el 14 de octubre cuando lo visitaron los generales Burgdorf y Maisel enviados por Hitler y le entregaron una capsula con veneno, tení­a como única opción el suicidio o esperar el deshonor y las represalias contra su familia. Buscando a su esposa Rommel le dijo: «He venido a decirte adiós, nunca aceptaré morir en la horca por un hombre como Hitler, no temo ser juzgado pues puedo justificar mis actos». Al optar por el suicidio el parte oficial dijo que habí­a muerto a causa de sus heridas y fue honrado con un funeral de Estado al cual asistió Hitler en primera lí­nea.

Muchas veces he pensado que si Hitler hubiera muerto el 20 de julio de 1944 el mundo habrí­a cambiado notablemente. Para principiar la rendición del Ejército Alemán hubiera sido con los Anglo- norteamericanos y con esto el Ejército Soviético de Zukov no habrí­a tenido preferencia para entrar a Berlí­n y no habrí­an existido las dos Alemanias ni El Muro que las separaba. La ofensiva de Las Ardenas que principió en noviembre no se hubiera dado y el encuentro de los ejércitos de Patton y Von Luttwitz no hubiera sucedido esa Navidad de 1944 cuando Bastogne en Bélgica se convirtió en un helado cementerio para miles de soldados de ambos bandos. La destrucción de Varsovia y la masacre de la población civil en el Ghetto por el Ejército alemán frente a la impasibilidad de los soviéticos ese verano de 1944 se habrí­a evitado. El exterminio acelerado de los judí­os dentro de la «solución final» de Hitler se habrí­a detenido lo que hubiera significado salvar de la muerte a cientos de miles de victimas del Holocausto. Por último Stalin no habrí­a tenido cartas para negociar la repartición del poder en Europa y muchos de los paí­ses que cayeron bajo su dominio se hubieran librado de casi 50 años de opresión y terror. En el Pací­fico el Japón hubiera sido orillado a la rendición y se habrí­an evitado las sangrientas batallas de Iwo Jima de febrero a marzo, las de Okinawa de abril a junio, las 185 mil muertes del bombardeo aéreo sobre Tokio y los horrores de Hiroshima y Nagasaki en agosto durante el año de 1945. Todo esto se hubiera evitado si la bomba de Von Stauffenberg no hubiera sido movida inadvertidamente de lugar y Hitler hubiera muerto ese dí­a.

La visión de una nueva Alemania y un mundo alejado de la guerra es lo que movió a este hombre extraordinario para hacer lo que hizo, y lo hizo a sabiendas que si morí­a valí­a la pena, la humanidad tiene con Klaus Von Stauffenberg una deuda de gratitud y eso motivó un año mas a la celebración del aniversario del 20 de julio en la Bendlerstrasse, de Berlí­n.