Una de las cuestiones más recurrentes en los medios de comunicación es la incapacidad para asimilar las críticas que se nos formulan y las reacciones generalmente agresivas en contra de quienes nos ponen en solfa, con o sin razón. En los últimos días entre los periodistas se comenta el caso del colega Gustavo Berganza, quien ha sido objeto de una campaña de ataques porque comentó la situación de la televisión abierta y las relaciones con los diputados que llegaron al extremo servil de castrar al canal de la Academia de Lenguas Mayas al emitir una ley que prohíbe que pueda comercializar espacios y vender anuncios.
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En la medida en que los medios de comunicación se atribuyen el papel fiscalizador del ejercicio de la función pública, también se colocan en posición de escrutinio porque es lícito averiguar cuáles son sus motivaciones. Pero cabalmente los ciudadanos se resisten a entrar a ese terreno de arenas movedizas porque la experiencia demuestra que no se puede pelear con la cocinera y que a la hora de confrontar a los medios se pueden desatar muchas pasiones generadoras de campañas que, tomando en cuenta el poder de la prensa, pueden ser totalmente destructivas.
Personalmente creo que Gustavo Berganza es de los periodistas más serios que hay en Guatemala y además es de los pocos que han hecho esfuerzos en el campo académico por lograr avances que muchas veces son objeto de resistencia por los mismos medios de comunicación porque, por supuesto, es más fácil seguir con las viejas costumbres que aceptar el desafío de una modernidad que demanda de todos acciones y compromisos. En ese sentido su papel al frente de una ONG creada para impulsar mejoras en el ejercicio de esta profesión, ha sido en muchos casos crítico del papel que se juega en distintos medios de prensa y antes de abordar el tema de la televisión, ya había en varias oportunidades lanzado algunos dardos contra medios impresos que le generaron alguna animadversión. Pero es obvio que alguien que desde el punto de vista académico está ocupado y preocupado por el tema de la responsabilidad en el ejercicio de la libre expresión del pensamiento, no podía pasar por alto situaciones escandalosas provocadas por el Congreso de la República que actuó sin recato ni rubor en el trato a los canales de televisión.
El ataque contra Gustavo tiene un claro mensaje para todos los comunicadores y es que el tema de los monopolios no se debe abordar ni siquiera de manera tangencial porque están dispuestos a destruir a quien se ponga enfrente. Puede ser, sin embargo, que el tiro salga por la culata porque ha sido tan intenso e injustificado el ataque que se está generando una ola de solidaridad con Gustavo Berganza que puede tener efectos totalmente contrarios a los que se buscaron al machacar una y otra vez en su contra porque lejos de «ahuevar» a los otros periodistas, se nota que hay un poco común espíritu de cuerpo.
Evidentemente quienes planificaron las andanadas contra Berganza no midieron las consecuencias y ahora podemos ver que se empieza a formar una oleada de respaldo al colega que ha sido certero en sus cuestionamientos y no de ahora, sino desde hace mucho tiempo cuando, al desaparecer la revista Crónica, se dedicó al análisis de los medios de comunicación en busca de una mejora en el ejercicio de la libertad de prensa.