Ya durante los primeros siglos del cristianismo, las autoridades eclesiásticas habían elegido un día para conmemorar a los santos que habían muerto. Las autoridades de las iglesias del hemisferio occidental habían elegido el día 1 de noviembre; y las del hemisferio oriental, el primer domingo después del día de Pentecostés, el cual se celebraba cincuenta días después del comienzo de la Pascua. La palabra “pentecostés” deriva de la palabra griega “pentekoste”, que significa “quincuagésimo día”.
La iglesia católica finalmente decidió elegir un único día oficial para dedicarlo a aquella conmemoración. Sería el Día de Todos los Santos. El papa Bonifacio IV, que ejerció el papado desde el año 608 hasta el año 615, eligió el día 13 de mayo. Era uno de los tres días de celebración de Lemuralia, o festival romano durante el cual eran expulsados del hogar los lemures, o fantasmas de los familiares muertos. Empero, el papa Gregorio III, que ejerció el papado desde el año 731 hasta el año 741, eligió el 1 de noviembre. En el año 800, Alcuino de York, influyente teólogo imperial, aprobó el día elegido por Gregorio III; y en el año 837, el papa Gregorio IV reiteró la elección.
Precisamente en el día 1 de noviembre los pueblos celtas de Britania, Irlanda, Escocia, Gales y la Isla de Man celebraban un festival, que los irlandeses llamaban “Samhain”. Aquello que celebraban era el final del verano y el comienzo de un nuevo año. Empero, los celtas creían que durante el Samhain, el límite entre el mundo de la vida y el mundo de la muerte se disolvía. Entonces espíritus malignos de los muertos podían volver al mundo de la vida, y causar daños y hasta reencarnar.
Cuando algunos pueblos celtas, como los de Britania y de Irlanda, comenzaron a profesar el cristianismo, entonces el día en que se celebraba el festival Samhain comenzó a ser sustituido por el día llamado “All Hallows”, o “Todos los Santos”. Y el festival de Samhain se transformó en el festival de “Halloween”; palabra derivada de la expresión “All Hallows’ Even”, cuya abreviatura es “Halowe’en”, que significaba “Víspera de Todos los Santos”. Conjetúrase que el propósito del papa Gregorio III y el papa Gregorio IV era precisamente sustituir la festividad pagana de Samhain por la festividad cristiana del Día de Todos los Santos.
Si había un día oficial dedicado a conmemorar a todos los santos que habían muerto, podía haber también un día oficial dedicado a conmemorar a todos los cristianos que también habían muerto. Precisamente algunas iglesias cristianas dedicaban ya algún día del año a conmemorarlos porque, aunque hubieran sido bautizados, quizá no habían expiado algún pecado, y había que contribuir a purificar sus almas. La conmemoración consistía en orar por ellos.
Quizá no antes del año 1030, el abad Odilón de Mercoeur, u Odilón de Cluny, dedicó un día a conmemorar, en los monasterios de Cluny, a todos los que habían muerto. Ese día fue el 2 de Noviembre, y se llamó “Día de Todas las Almas”, que sería adoptado oficialmente por toda la iglesia cristiana de la época. En algunos países, ese día se denomina “Día de los Muertos”, el cual (por lo menos en algunos países) se celebra en el día 1 de noviembre. Odilón de Cluny nació en el año 962 y murió en el año 1048. Fue canonizado en el año 1063. El teólogo Fulberto, obispo de Chartres, lo llamó “Arcángel de los Monjes”.
Post scriptum. Vestigios de ceremonias funerales paleolíticas sugieren que desde hace cincuenta mil años los seres humanos han creído que el alma es imperecedera, y hasta puede retornar al mundo terrestre y renacer.