En su reciente visita a Brasil, Francisco, el Papa que está causando una sensación sin precedentes por su claridad y carisma para trasladar de una forma muy humana y terrenal el mensaje de Dios y que no ha renegado ninguno de los temas espinosos de la Iglesia, dijo: «Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas. Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos.
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Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad. Necesitamos santos que busquen tiempo cada día para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad. Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo.
Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales. Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo. Necesitamos santos que tomen Coca-Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod. Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos.
Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte. Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros. Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos».
Y entendiendo el apostolado como una campaña de propaganda en pro de alguna causa o doctrina, yo creo que los guatemaltecos debemos analizar con detenimiento las palabras de Francisco, porque en ellas puede estar la receta con la que podamos cambiar el rumbo de nuestro país.
Creo que además los guatemaltecos estamos llamados a ser extraordinarios en la cotidianidad, entendiendo que el valor del guatemalteco está en que lo que hagamos, sea de cara al sol y basado en principios, que sin importar la religión que se profese, sean hechos dignos de los que nosotros, nuestras familias y amigos nos podamos sentir siempre orgullosos.
Es necesario que más guatemaltecos tengamos la moralidad como un valor que nos pueda marcar la línea entre el bien y el mal, sabiendo que por inútil que sintamos que es nuestro esfuerzo en las cosas pequeñas de la vida, para nuestras familias y el país es sumamente importante.
Debemos ser cada día más los guatemaltecos que estemos comprometidos con cambiar nuestra realidad, con hacer de la nuestra una sociedad más justa e incluyente, sabiendo que si no unimos nuestros esfuerzos con el afán que los recursos se canalicen para enfrentar nuestras carencias e invertir en el ser humano, especialmente en los más necesitados, nunca podremos romper el círculo de la pobreza que nos condena a seguir en retroceso.
Es importante que cada día podamos entender que en la medida en que muchos se beneficien de la impunidad, seguiremos siendo una sociedad que le abre las puertas al más inescrupuloso, al menos capaz y preparado. Que mientras no entendamos que la justicia es necesaria para ser el rector de nuestra vida en sociedad, ésta se seguirá destruyendo siguiendo el rumbo actual.
Necesitamos más chapines, que sin importar el origen, la raza, el sexo o su preferencia sexual, ricos o pobres, de derecha o izquierda, podamos darnos cuenta que si no nos unimos, que si no dejamos por un lado esta indiferencia y que si no tratamos de ser santos cotidianos, de jeans y zapatos o de corte y caites, nunca podremos darle vuelta a este país que hemos encaminado al fracaso y en el que la gente se nos está muriendo por cosas absurdas y no dignas del siglo XXI. Nosotros, los que queremos una Guatemala mejor, estamos llamados a ser el cambio y hacer un apostolado ciudadano por una mejor Guatemala.