Del contacto íntimo con la vida, que va paralela a las fuerzas del bien y el mal, han surgido leyendas que existen desde hace millares de años. Por medio de ellas se ha tratado de comprender a la sorprendente civilización del Celeste Imperio, que reúne un vasto conjunto de seres humanos colmados de un universo de imágenes, ideas, sentimientos y sabiduría. Una de las tradiciones más importantes de la civilización China, es el Año Nuevo Lunar. Será celebrado por la Embajada de Taiwán en Guatemala, el 20 de febrero de 2010, en el Convento de Capuchinas, en La Antigua Guatemala, con la exposición fotográfica titulada «Taiwán Sublime» que presenta fotografías de los artistas Chi Po-lin, Liu Chen-hsiang, Huang Ting-sheng y Chen Chih-hsiung. Se podrá disfrutar de la Danza del León y de la Danza de Abanicos Multicolores, que serán ofrecidas por once estudiantes, miembros de la Academia de la Cultura China. Dentro de la actividad, los maestros calígrafos Dany Sheh y Sergio Chow, escribirán el nombre de los invitados en caracteres chinos, como un recuerdo del festejo del Año Nuevo Lunar. Según cuenta la tradición, los pobladores de la China creían que Heng-O, era la madre de los diez soles que pertenecían a cada uno de los diez días de la semana china, y la madre también de las doce lunas que existían en cada uno de los doce meses del año. Esta ideología fue el origen para que los pueblos de Oriente utilizaran el calendario unisolar, que me ha recordado la composición lírica «La Luna se Renueva» del poeta chino Lu-Ki: «El hombre vive solo un instante/ la luna se renueva./ ¿Cómo hacer para conservar la fuerza de la vida?/ La luna se renueva./ El bien y el mal entremezclados viven./ Dentro de cien años/ ¿quién de nosotros estará aquí?/ Es triste observar el río cómo huye./ El presente se escapa/ no podemos seguirle./ La luna se renueva./ Ni virtud ni renombre nos sirven de socorro./ Perfectos como eran los sabios del pasado/ la gloria de su nombre/ llegaba a todas partes./ Pero ahora ¿dónde están?/ ¿Dónde quedó su fama?/ Es difícil llegar a establecer el mérito/ el error es muy fácil en una empresa grande…/ En un cerrar de ojos la vejez nos sorprende./ ¿Cómo sabremos nada si nada sobrevive?/ Colmado de dolor/ sólo se atreve el sabio/ a suspirar profundamente.» Y en una de sus canciones Li-Tai-Po escribe: «Envejeceremos juntos/ y aún antes que mis cabellos/ se iluminarán los tuyos/ con la nieve de los montes/ y con el lunar efluvio.» Según la mitología china existió un ser cruel y feroz llamado «Nien», quien le tenía miedo al color rojo, a la luz del fuego y al ruido; por ello es la costumbre en China de colocar papel rojo en las puertas de las casas, encender antorchas y lanzar petardos, con el fin de alejar a «Nien» y así no pueda su malignidad entrar en las casas. Luego del triunfo, los parientes jóvenes regalan a los niños y a los ancianos un sobre rojo, llamado «Lai See», que contiene una pequeña cantidad de dinero. También se dibujan y obsequian caracteres chinos que simbolizan felicidad, y se colocan en las puertas las figuras de animales, siempre de color rojo. La preferida es «Yu», el pez, cuyo significado es la abundancia. Durante el resto de la madrugada del primer día del nuevo año, se deben quedar las personas despiertas para asegurar la prosperidad en la familia. Luego se organiza el desfile con la danza del dragón o «Wu Shi», para tener el poder de vencer a los malos espíritus. Los versos de Li-Tai-Po se elevan al amanecer: «Alzo el rostro/ contemplo los bambúes/ en dulces balanceos/ hacen murmullo de fuente/ muy azul está el cielo/ los signos que yo trazo/ imitan renuevos de árboles…/ Las rosas se marchitan/ si el sol no les da besos.»