El año 2009 va cuesta abajo


Tenemos la sensación que el año pasa rápido. Lo mismo ocurre con los dí­as, semanas y meses al hacer un recuento, en medio de tanta tensión. Cuando todo gira en torno al ritmo acelerado de la vida, somos los humanos quienes actuamos de esa manera. Por consiguiente, también está en nuestras manos el adelanto a prisa del reloj.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

A la postre obedece asimismo a recurrentes cambios, responsables de alterar, o bien, modificar y en casos sui géneris diluir modos, usos y costumbres. Afecta demasiado referente a la posición de lobo estepario, como igual quien está inmerso por su propia voluntad y entusiasmo ponderado, en el moderno carrusel vigente dondequiera.

El hecho indiscutible a nivel ostensible de la metamorfosis en mención, considero es resultante de la asombrosa expansión poblacional. Que tiene por cierto vertiginosos sucesos, entre ellos las enormes distancias, el laberinto del tránsito y lejaní­a de ajustes de las fuentes de trabajo, y el cambio climático generador de complicaciones.

Tales consecuencias perturbadoras inducen de inmediato a llevar a cabo lo habitual, aunque hay muestras visibles que el entorno causa mayor incidencia. La agitación de marras, imposible es ya detener. Existe gravitación a su alrededor, tocante al ser humano, y por ende así­ lo exige una y otra acción, venga de donde venga.

Nada es ajeno a esta modalidad que saca a relucir en el acto sus efectos sombrí­os, poseedores de potenciales en lí­nea vertiginosa. Por inercia concluimos inmersos en ese fragor tipo de verdad acelerado. Agitación inevitable del momento aciago en términos plurales. De suerte que quien no lo hace, queda relegado en demasí­a y marginado.

Sucesivas épocas han dejado a semejanza de hierro candente cicatrices en la humanidad, tal impronta deviene en tropeles descomunales que arrasan al paso crucial, incontables casos y cosas. Tampoco somos una isla, por el contrario vivimos atrapados sin excepción alguna y de consiguiente terminamos con calidad de partí­cipes indirectos.

Eventos dignos del asombro ocurren uno tras otro responsables de circunstancias dominantes, en concepto de hecatombes naturales, efecto innegable del incorrecto uso y abuso hecho de la propia naturaleza. Recibe explotación inicua, además ininterrumpida, al borde de verdad del colapso, sin embargo, damos la espalda a esos avisos urgentes.

De un tiempo atrás a esta fecha sentó sus reales la cultura del aceleramiento pronunciado en el planeta Tierra. Convertidos en modernos Atilas, sin asomo de duda, la agitación envuelve a unos y otros por igual, mediante una férrea cadena. Cualquier actuación lleva consigo ese sello, en búsqueda de expansión desmesurada a lo largo y ancho.

El 2009 inicia la última fase del itinerario del calendario, en medio de alzas y bajas, con mayor énfasis en lo segundo. Ante la inminente postrer hoja del mismo, el somero y obligado análisis no responde a las expectativas. Cunde entonces cierto dejo de desilusión, urgida de rediseñar nuestros planes y proyectos hacia la debida dirección.

Digo que va cuesta abajo, a resultas de dejar saldos pendientes, merecedores de un mejor devenir, en beneficio poblacional, a la espera de solución. La problemática imperante carga demasiado sobre las de suyo vulnerables condiciones vigentes, visto está. Crisis a lo grande, por ejemplo en seguridad, salud, educación, etcétera.

En ese recuento, vale decir evaluación final, el panorama dista de considerarse alentador. Pese a la presencia de factores negativos, al desengaño en relación a ofrecimientos de la partidocracia, los guatemaltecos alimentan esperanzas que un dí­a no remoto tengamos diferente nivel de vida.