Nunca pensó Antoine de Saint-Exupéry que cuando publicó «El principito» en 1942, éste se hablaría en más de 50 lenguas y se convertiría en el libro más vendido después de La Biblia y El Capital de Karl Marx. Su otra novela laureada Vuelo en la noche la pudo ver adaptada al cine interpretada por Clark Gable y Leonel Barrymore en 1933. Más tarde «Viento, arena y estrellas» también alcanzó honores: el Grand Prix de la Academia Francesa y el National Book Award de los Estados Unidos en 1939, este último lo recibió en su nombre el escritor John Steinbeck mientras él estaba volando misiones de guerra y hasta seis meses después de la caída de Francia llegó a Nueva York el último día de 1940 para hacerse presente. Los dos años siguientes fueron sus años más productivos. Trabajaba en forma desordenada en horas de la noche viviendo con holgura ya con la figura de un escritor laureado.
Su novela «Flight to Arras», una visión personal de la guerra antes de la caída de Francia, fue un soporte para la causa de su patria .A pesar de vivir en un círculo cerrado de amistades y no interesarse de hablar el inglés, era un personaje ampliamente conocido. Su vida estuvo siempre llena de altos y bajos, buscando iniciar algo nuevo; su relación matrimonial con la señora Consuelo Suncin Sandoval tuvo claroscuros intensos y se dejaron en más de una ocasión, la impresión general es que nunca fueron felices.
Viendo hacia atrás, cuando dejó de volar años antes de 1926 estuvo prometido, viviendo en París con la escritora Louise de Valmorin, más tarde esposa de André Malraux, su compañero y amigo durante muchos años. La vida citadina y de hombre de hogar en ese entonces no llenaba sus expectativas y así pudo reiniciarse en la aviación en 1930 recibiendo al poco tiempo la Legión de Honor por su aportación a la Aeronáutica Civil. Ese período, sin embargo, fue de vacas flacas, pues durante los años 35 y 36 sus finanzas lo obligaron a trabajar como corresponsal en Rusia, Alemania, Francia y España para el Paris Soir; sin embargo lo que más recordaba eran sus días como encargado de la Terminal de Correo en el Cabo Juby en el Sahara Occidental durmiendo en un camastro de madera y preparando un cous cous al estilo árabe, el dinero fluía lento pero adecuado a su tren de vida. El trabajo nunca le asustó y no ocultaba que al principio en París fue vendedor de autos, si bien decía su éxito estaba en duda porque no había vendido ninguno.
En 1938, antes de la guerra, se impuso un nuevo reto con su amigo André Prevot, cubrir una ruta de 14,000 km entre New York y Punta Arenas en la Antártida Chilena. Volaban de nuevo en un Caudron Simoun, deteniéndose en Guatemala para reabastecerse. Sobrecargado de combustible, el avión se estrelló en la pista, llevando Saint-Exupéry la peor parte; gravemente herido, estuvo en coma cuatro días en el Hospital Militar atendido por el Dr. José Méndez Valle, quien le salvó la vida, terminando de convalecer en Antigua Guatemala.
Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, intentó sumarse a la Aviación Militar, siendo rechazado por sus limitaciones físicas, incorporándose al grupo de reconocimiento 11/ 33, recibiendo la Medalla al Mérito, teniendo luego que exiliarse a Norteamérica tras la caída de Francia. No lo hizo sumándose a la Francia Libre en Inglaterra al mando del general Charles de Gaulle, con quien tenía algunas diferencias. Lo anterior se vio acentuado cuando viviendo en la zona no ocupada de Francia el Gobierno de Vichy lo nombró sin consultarlo Consejero Nacional, lo cual rechazó de inmediato acelerando su exilio a los Estados Unidos. Viviendo en New York sus diferencias con De Gaulle crecieron cuando no quiso hacer campaña por él después de recibir a su enviado Raúl Aglion. Continuará.