«El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir»


Durante las semanas anteriores se ha abordado el tema de violencia, pero como es costumbre en este mes desarrollaré artí­culos referentes al cariño, al afecto, y al amor. Un amigo me decí­a: «Qué bonito serí­a, si tan fácil pudiese cambiarse las páginas de la vida».

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

En la vida real claro que no es fácil pero, necesitamos tiempos de tregua que nos permitan así­ mismo observar las cosas lindas que la vida nos da. Se celebran muchas fiestas en el mes de febrero, para los católicos el dí­a de La Virgen de Candelaria, patrona de Teculután, Zacapa; así­ como el Dí­a del Cariño, y febrero es más conocido por el mes del amor.

Muchas personas han intentado descifrar la pregunta: ¿Qué es el amor? Y en respuesta coinciden en que el problema del amor es el más importante de la vida, pero hablar del mismo constituye una gran dificultad. C. Jung refiere: «El problema del amor se me parece como una montaña monstruosamente grande que con toda mi experiencia no ha hecho más que elevarse, precisamente cuando creí­a haberla casi escalado». Pareciera que en asuntos del amor la vivencia del mismo es lo único explicable.

«Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado» Antifanes (comediante griego). Dentro de los sí­ntomas y signos que se pueden atribuir a la persona enamorada encontramos los siguientes: pérdida del sueño y apetito, hiperactividad, aumento de la presión arterial, aumento del pulso y latidos cardí­acos, aumento de la capacidad muscular, aumento de glóbulos rojos, lo que contribuye a la rubicundez de las mejillas. Pensamientos repetitivos y/o obsesivos acerca del ser amado, al oí­r música se divaga la mente, nos volvemos creativos y artistas cuando nos enamoramos (poetas, músicos, pintores…), la vida tiene más brillo y este mismo se refleja en nuestra mirada en nuestra sonrisa en nuestra respuesta ante el mundo externo, nos embelesamos. Y todo ello también puede explicarse desde reacciones bioquí­micas en el interior de nuestro organismo generando con ello la liberación de hormonas y neurotransmisores (mensajeros de las células neuronales).

Este estado de «imbecilidad transitoria», el enamoramiento, según Ortega y Gasset. No se puede mantener bioquí­micamente por mucho tiempo. Pues dentro de estas reacciones se describe a la feniletilamina, un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas. Que contribuye al aumento de dopamina (sustancia que nos hace sentir deseo y placer, que su aumento ha sido considerado en cuadros psicóticos), la serotonina (sustancia cuya disminución ha sido asociado al desarrollo del pensamiento obsesivo) la norepinefrina y la oxitocina (mensajeros quí­micos del deseo sexual). Aquí­ no manda la razón ni la fuerza de voluntad, de hecho en el territorio perteneciente al enamoramiento ellas son dos intrusas.

Con el tiempo el organismo se va tornando resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza una segunda fase bioquí­mica que podemos denominar de pertenencia dando paso al amor más sereno en el cual permanecen sentimientos de seguridad, paz y comodidad. Y en esta segunda fase son las endorfinas-compuestos quí­micos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, los que confieren esta especial manera de sentir. Por ello se sufre tanto al perder al ser amado, ya que dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.

Para conservar la relación de pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (intereses mutuos, convivencia grata, empatí­a?), ya que cuando disminuye a feniletilamina, se sentirá menos enamoramiento y por ahí­ podrá llegar la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.

Para concluir podrí­amos resumir que el amor es de difí­cil comprensión, incluso en el mismo existe un deterioro de nuestro propio juicio de la realidad. Que existen cambios neuropsicológicos que se explican por alteración de hormonas y neurotransmisores. Pero al amor no podrí­amos denominarlo un estado de enfermedad, ya que nos provoca alegrí­a de vivir y nos suaviza la misma vida. Que lo más importante dentro de una relación amorosa es la experiencia y la creación de ví­nculos humanos que nos ayudan a apreciar mejor la existencia y a encontrarle un mejor sentido.