El alcalde Arzú y la historia


Al haber decidido darle renovado impulso al proceso de paz desde antes de tomar posesión de la Presidencia de la República, ílvaro Arzú se ganó un lugar en la historia porque le correspondió a él cerrar el ciclo de la negociación y firmar los acuerdos que perseguí­an una paz firme y duradera. Cierto es que desde Cerezo, prácticamente todos los presidentes electos popularmente habí­an sido parte del proceso, algunos con mayor o menor capacidad de acción y otros con más o menos entusiasmo, pero la participación de Eduardo Stein y Gustavo Porras le dio el impulso final.


Pero luego de haber sido Alcalde de la Ciudad, Arzú decidió volver nuevamente a optar por ese cargo y hoy por tercera vez será juramentado para un perí­odo constitucional. Creemos que es el momento de que Arzú, Alcalde, busque también su lugar en la historia mediante la implementación de polí­ticas urbanas que resuelvan añejos problemas de la ciudad y que eviten complicaciones que ya se vislumbran en el horizonte. Igual que cuando tomó posesión de ese mismo cargo, hace 22 años, los problemas de agua, transporte, saneamiento y planificación del desarrollo metropolitano siguen siendo prioridades que tiene que enfrentar la administración.

En dos décadas la ciudad ha cambiado mucho, pero seguimos sin disponer de una fuente de abastecimiento de agua confiable y se sigue extrayendo agua del subsuelo con el agotamiento de la capa freática; el transmetro es la única innovación en un sistema de transporte que colapsa por el incremento del parque vehicular sin que las ví­as estén adecuadas para ello; las aguas servidas siguen contaminado al resto del paí­s y el crecimiento urbano sigue siendo anárquico, sobre todo ahora que se construyen enormes edificios sin contemplar la necesidad de servicios básicos, desde agua hasta facilidades de acceso.

Arzú, por su lugar en la historia, no está más en ningún tipo de concurso de popularidad y por lo tanto su administración puede y debe trascender de lo visible y de relumbrón para ir a lo profundo, a obras que muchas veces ni siquiera se ven pero que son indispensables para asegurar la viabilidad de la metrópoli. Creemos que ahora, con el respaldo que evidentemente tendrá del Gobierno central, puede avanzarse mucho en la definición de polí­ticas que busquen resolver los problemas de toda el área metropolitana y no sólo del municipio de Guatemala. Creemos que es el momento de emprender un serio proceso de modernización de la más grande ciudad de Centroamérica para asegurarle por lo menos cincuenta años de dotación de servicios básicos.

Si Arzú se ganó un sitio en la historia por la firma de la paz, puede asegurarse otro por promover el desarrollo ordenado de la más importante ciudad de la región.