El aguinaldo


Estamos llegando a la época del año en la que hay más movimiento económico y cuando la gente más gasta como resultado de la temporada navideña en la que fluye más el dinero a causa del aguinaldo que generalmente se destina al consumo. Eso alienta a los comercios, pero también a los ladrones que saben que por estas fechas encontrarán a sus ví­ctimas con más dinero de lo corriente y por ello es que las autoridades tienen que redoblar esfuerzos para evitar atracos que despojen a la gente de sus pertenencias.


Este aguinaldo, sin embargo, llega en una oportunidad especial porque no se puede negar que Guatemala también sufrirá los efectos de la crisis mundial cuyo fin todaví­a no se puede predecir y por lo tanto en contra de lo que predica ahora la propaganda comercial que incita al gasto desmedido, tiene que haber mucha prudencia de las personas para no derrochar sus recursos porque no sabemos cómo estaremos el año entrante y no hay previsiones confiables sobre cuál pueda ser al final de cuentas el impacto de la crisis en cada una de las familias de guatemaltecos.

No somos un pueblo muy dado al ahorro, pero en condiciones como las actuales es importante actuar con mucha prudencia para establecer patrones de gasto más bien conservadores a efecto de tener un respaldo para los dí­as venideros en caso de que también aquí­ se puedan sentir los efectos de la crisis. Y ya hemos visto que hay una contracción del crédito en el paí­s y sabemos que eso significa reducción de la actividad económica porque generalmente las empresas trabajan con financiamientos bancarios para disponer de capital de trabajo y la contracción del crédito tiene, en ese sentido, efecto en el empleo.

Las maquilas, por otro lado, están ahora en la cuerda floja porque muchos de los negocios de ropa de Estados Unidos han disminuido marcadamente sus ventas y por lo tanto reducen sus órdenes a las maquiladoras locales que ya han eliminado algunas plazas. Se ve, pues, que no estamos tan inmunes como quisiéramos a la crisis y que de una u otra manera nos terminará afectando, por lo que la prudencia es indispensable.

No hay, sin embargo, mal que por bien no venga porque como está ocurriendo en otros paí­ses, es una oportunidad para encontrar nuevamente la raí­z espiritual de las fiestas, evidentemente alterada por la forma en que se han orientado al consumo y al mercantilismo. Cuidar el aguinaldo siempre ha sido importante, pero mucho más ahora que estamos entrando a lo que es una época de vacas flacas.