El adiós del controversial Hugo y otro tema


Fue a mediados de la última década del siglo pasado cuando por otro amigo ya fallecido, tuve la ocasión de conocer a Hugo Arce. Fue un tiempo en el que más o menos hubo periodicidad en el intercambio de opiniones. Su mirar directo, profundo, acucioso y hasta intimidante generaba todo tipo de sensaciones, desde la admiración hasta la repulsa. Sus escritos de igual forma provocaban reacciones encontradas. La vida de Hugo fue controversial hasta el final.

Walter del Cid

La última vez que conversamos hace ya poco más de cuatro años y por el encono de varios de sus escritos contra varias figuras polí­ticas y públicas, recuerdo que le comenté que me parecí­a que estaba pidiendo a gritos que algún desquiciado intolerante le asesinase. Su respuesta fue imprevista y desafiante. «Con la sangre de los mártires se manchan las reputaciones de los impunes y se evidencia la necesidad del cambio».

Solí­amos reunirnos en un bar que ya no existe en el denominado Centro Histórico, sobre la sexta «A» entre la décima y once calles. A veces, sin más se levantaba y sin decir adiós se marchaba. En muchos aspectos Hugo era tanto controversial como impredecible. Su muerte lo ha sido también. Gustaba sentirse heredero de una tradición de escritores. Solí­a reinventarse así­ mismo cada cierto ciclo. Pero también solí­a caer inmerso en profundas depresiones.

Sus aparentes ví­nculos a una bancada en el Congreso de la República y los móviles de una supuesta reunión que habrí­a de verificarse en el transcurso de la mañana en cuya fatí­dica madrugada optó por quitarse la vida, será un velo de misterio que se lleva a la tumba y que seguramente los diputados habrán de callar por conveniencia. Así­ es nuestra Guatemala. Su espí­ritu habrá de continuar cuestionando e inquiriendo tras la búsqueda de una verdad que ahora se hace intangible y reservada como el epí­logo a su controversial existencia.

En otro orden. Mañana se habrá de efectuar la Asamblea Nacional Ordinaria de la Asociación Nacional de Municipalidades de la República de Guatemala. En un hotel de la zona 13, desde las nueve horas dará inicio la presentación de los informes administrativo, financiero y polí­tico por parte de las autoridades que concluyen el perí­odo para el que fueran electos el año pasado.

A lo largo de su historia, ya casi cincuenta años, ANAM ha atravesado por diversos, peculiares e históricos momentos. Pero muchos de esos años también lo han sido de una silenciosa complicidad con el estado prevaleciente de las cosas en nuestro paí­s. No me cansaré de repetir que quizás el perí­odo de mayor impacto se remonta a las motivaciones de sus orí­genes en 1955 y luego quince años más tarde en el gobierno municipal de Manuel Colom Argueta. En esos cuatro años (1970-1974) ANAM casi llegó a ser la Asociación de la comunidad municipalista en su conjunto: alcaldes, sí­ndicos, concejales y empleados municipales. Se demandó con energí­a, respeto y observancia a la autonomí­a municipal y se hicieron enérgicos e imperativos pedidos para el traslado de recursos del gobierno central hacia los gobiernos locales. Luego con la agudización de la represión el espí­ritu combativo de ANAM también cayó en el ostracismo de la oscuridad impuesta.

En los últimos años se ha logrado posicionar dentro del espacio de incidencia polí­tica y aunque hace falta mucho para que sea escuchada con auténtica vocación de respeto; paulatinamente ha impuesto un conjunto de propuestas y aportes para la mejor gobernabilidad del paí­s teniendo como punto de partida el ejercicio democrático de los gobiernos locales. Aquí­ también hace falta mucho por construir. Pero se están haciendo y formulando los aportes correspondientes.

Ojalá mañana los alcaldes asistentes y las seis alcaldesas puedan tener el acierto de enviar un mensaje de unidad de las autoridades locales y a la comunidad nacional e internacional, y con ello replicar con hechos el acertado llamado al diálogo y unidad nacional que ha formulado nuestro recién estrenado presidente. Deben buscarse los medios para mejorar la representatividad de los gobiernos locales y garantizar los espacios de participación ciudadana buscando también hacer eficientes, efectivos y probo el manejo del erario municipal. Debe ser visto el municipio como el punto de partida para alcanzar el desarrollo con justicia y equidad para sus habitantes. Quizás debiera hablarse más de desarrollo local que de desarrollo rural. Pero eso es otro tema. Ya les contaré lo que haya de suceder mañana. Hasta la próxima.