Utilizo el encabezamiento de esta nota en el idioma oficial, al tenor de lo que estipula la Constitución del país, es decir el español. Soy por consiguiente contrario a emplear extranjerismos como el término bullying, una mera copia, máxime cuando atañe a situación considerada verdadera problemática actualmente. Que excede en gran medida al colectivo, inundado de casos y cosas críticas.
Constituye el mismo, sin ambages, inquietante asunto, cuyas implicaciones, por ser comidilla del día, afectan al sector valioso e importantísimo, los escolares. Repercuten sus consecuencias atípicas y calan hondo en la época del proceso vital, merecedor de atención, cuidado especial; digno además de prestarle todo cuanto requieran durante su desarrollo diario.
Asombro y restantes actitudes genera en forma alarmante entre la población. Por eso la razón poderosa de llegar hasta los más recónditos sitios o interioridades personales. En medio del ambiente preñado de recurrentes noticias, calificadas de primer impacto y por ende imposible sean volátiles, en tanto otra similar o mayor ocupe el cotidiano acontecer negativo.
El acoso escolar, inclusive quienes exhiben indiferencia, ahora muestran de alguna manera impactante sensibilidad en grado sumo. La problemática va en crecimiento superlativo, aquí y allá invariablemente, tanto que altera totalmente la rutina. Dejemos entonces por un lado el señalamiento muy dirigido a la mayoría de compatriotas, consistente en el olvido inmediato.
De esa cuenta el presente tipifica sin excepción el palpitar de corazones, aflicción gigantesca, debido a la pérdida de valores humanos en vitrina. Despertar conciencias no es así nomas, ahora existe percepción general en resguardo de los escolares por parejo. La bestialidad y similares adjetivos fuera de serie en definitiva de los victimarios lo sacan a luz.
Ver, oír y callar dista de hacerse los papos entre el conglomerado que muestra tener dientes suficientes para enfrentar la tremenda y desconsoladora acción. Hace mucha falta, de consiguiente, asumir un papel beligerante, no permitir la repetición del terrible acoso escolar; conmueve hasta las montañas y da tenacidad, mano firme directa para detener la rémora dicha.
Unidos por el eje de voluntades amerita sin pérdida de tiempo entrarle de lleno, La suma obligada debe actuar cuanto más rápido. Para nada exige buscar consensos, ejecutar diálogos, analizar de punta a punta, a efecto de informar un sólido bloque en protección y beneficio de la escolaridad, en el ojo del huracán, cuando no en el filo del cuchillo o navaja.
Solo mediante planes inmediatos sutura los logros deseables. Creemos nada ni nadie se excusará, aduciendo infinidad de argumentos. Padres de familia a la cabeza, autoridades del ramo, docentes de cualquier nivel tienen que enrolarse con miras a enfrentar y solucionar tan peliagudo tema en ciernes, mejor dicho en realidad y avances tipo el personaje Atila.
Considero oportuno mencionar que el acoso escolar no es una cosa nueva. Ha existido siempre en el sector escolar de diversos niveles, empero hoy con la modernidad de los medios de comunicación social su difusión viene a ser pronta y cumplida. Los habitantes son dados a mantenerse informados y orientados en ese sentido, ven que es un derecho estar informados.
En cada aula, de por vida ha fungido el líder máximo que descolla, dirige y se impone al resto. Dispone de una anatomía fuerte y vencedora, intimida a los demás, bajo amenazas y acciones de hecho. Inclusive comete abusos de índole diversa; llega a explotar, extorsionar, termino muy actualizado entre las redes del bajo mundo y delincuencia terrible, pero sin control.
El gallo o la gallina poshoroca, según el género, hace de las suyas con auxilio de su fortaleza y complexión robusta (caratecas). Y ¡ay! de aquel o aquella lo haga del conocimiento de la dirección del plantel porque devienen más problemas en su contra. Eso sí modifican su accionar delincuencial, merced a otros usos y costumbres, fruto de la transformación visible.