Yo pienso que ninguna política pública demanda tanto el esfuerzo común para provocar un vuelco significativo como la que debe existir en el campo de la Educación para impulsar mejoras significativas no sólo en términos de cobertura sino también en la calidad de la enseñanza a nuestros jóvenes. Es común decir que en ellos está el futuro de la patria, pero lo que pocas veces decimos es que la ausencia de efectivas acciones en ese campo nos condena a sufrir retrasos que van más allá de lo que dura una generación.
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Y en ese sentido me pareció siempre inadecuado el enfoque del gobierno anterior porque con arrogancia se pretendió imponer un modelo sin tomar en cuenta el parecer de nadie. Simplemente con la visión de los iluminados, que creen tener el dominio absoluto de la verdad, se emprendió una campaña de descalificación contra cualquiera que no compartiera el enfoque de las autoridades, empezando por los mismos maestros que tienen la experiencia en el trato con los niños y la vivencia de las dificultades del sistema.
Pero evidentemente la falta de madurez no es patrimonio sólo de algunas autoridades, sino también de quienes forjan liderazgos en el ejercicio de la confrontación, porque me parece inaudito que luego de haber recibido un trato preferente del Presidente electo, al punto de haberle reconocido tácitos derechos a opinar sobre los nombramientos de más alto nivel en la cartera, la dirigencia magisterial se decantara por un pulso que ha tenido como primer efecto comprometer la percepción ciudadana sobre la capacidad del gobierno para ejercer su autoridad. El comportamiento de Joviel Acevedo puede tener serias implicaciones en el papel del gobierno, porque por un lado debilitó la imagen pública de Colom, pero también puede tener el efecto de provocar en el Presidente un arranque que lo haga caer en autoritarismo para defenderse de las críticas provocadas por la crisis en Educación.
Tanto si Colom cede con respecto a las presiones de Acevedo como si cae en la tentación de mostrarse fuerte y actúa con signos de autoritarismo, su régimen se verá afectado y el país perderá mucho. El causante de ese dilema es el dirigente sindical que recibió muestras de respeto y hasta de amistad de parte del Presidente y no supo actuar en consecuencia y con la madurez que reclaman las circunstancias. No creo que Acevedo deba, por esas muestras de amistad, plegarse o venderse, como vulgarmente diríamos. Pero tampoco creo que sea bueno para él ni para el movimiento que dirige, la actitud de intransigencia que los confronta con el gobierno y puede marcar, desde la primera semana de gestión, el rumbo de futuros acontecimientos.
Y, para variar, serán nuevamente la niñez y la juventud las que deberán pagar las consecuencias de actitudes inmaduras y prepotentes. Es triste ver que cuando no actúan así los que administran la educación, lo hacen los maestros bajo una conducción que no tendría que estar afanándose por el conflicto si se puede lograr mucho y avanzar más mediante la búsqueda de acuerdos maduros y respetuosos. Este pulso no es bueno para el país, pero tampoco para los maestros ni para el gobierno y Acevedo tiene que entenderlo. Si la oposición a Tay Coyoy se formula guardando la compostura y las formas, para no colocar al gobierno en situación comprometida, posiblemente logran el efecto deseado sin dejar heridas visibles al régimen que apenas está tratando de encontrar su real acomodo.