El encuentro del papa Benedicto XVI con los obispos latinoamericanos el domingo se producirá tres semanas después que la Iglesia católica perdiera en Ciudad de México una batalla contra el aborto, hasta entonces ilegal en toda la región, salvo en Cuba.
El Parlamento de la capital mexicana, una de las ciudades más pobladas del mundo y de cuya arquidiócesis dependen casi siete millones de católicos, aprobó el 24 de abril la despenalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación.
La decisión fue otro golpe para la Iglesia tras la aprobación un año antes, en la misma ciudad, de una ley que permite las uniones de homosexuales.
Toda la presión del Vaticano fue en vano. El Papa mandó un mensaje de apoyo a los obispos mexicanos y Angelo Amato, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, calificó el aborto, el matrimonio entre homosexuales y la eutanasia de «terrorismo de rostro humano».
En América Latina la interrupción voluntaria del embarazo estaba permitida, hasta ahora, sólo en Cuba.
En algunos países -como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Panamá, Uruguay o Venezuela- se permite el aborto sólo si hay riesgo de muerte de la madre o, en ciertos casos, si el embarazo es producto de una violación.
La lucha contra el aborto -además de la eutanasia, la clonación y el divorcio, y la defensa de la familia- será uno de los mensajes de Benedicto en Brasil en donde se reunirá con obispos y cardenales de 22 países de la región en la ciudad de Aparecida.
En febrero el Papa reiteró su preocupación por la familia que «muestra síntomas de debilitamiento bajo las presiones de grupos de presión capaces de influir negativamente en los procesos legislativos». Y en los últimos meses ha recalcado la importancia del núcleo familiar en la sociedad latinoamericana.
En Brasil, el país con más católicos del mundo, una comisión del Senado aprobó hace tres semanas un proyecto de plebiscito sobre el tema. La iniciativa aún debe ser ratificada por ambas cámaras del Congreso y promete generar debates.
El gobierno de Brasil ya ha chocado con la Iglesia por su activa política de prevención de embarazos indeseados y por ofrecer gratuitamente millones de preservativos y las llamadas «píldoras del día después».
También en Uruguay el Parlamento estudia la despenalización del aborto, pero el presidente izquierdista Tabaré Vázquez amenazó con vetarlo. En Perú se conformó en marzo una comisión para analizar el «aborto terapéutico».
En Colombia, la Corte Constitucional despenalizó en mayo de 2006 el aborto en tres situaciones excepcionales, una decisión que la Iglesia calificó de «triunfo de la cultura de la muerte».
La presión católica tuvo más éxito en Centroamérica.
En febrero la Asamblea Nacional de Panamá retiró una reforma al Código Penal para autorizar el aborto en algunos casos, y en Nicaragua el Congreso derogó en octubre una ley que permitía el aborto terapéutico en casos de riesgo para la salud de la mujer.
En Chile, el aborto terapéutico estuvo permitido hasta 1989, cuando la dictadura de Augusto Pinochet lo prohibió, y un proyecto para despenalizarlo fue rechazado por la Cámara de Diputados en noviembre pasado.
En ese país la Iglesia y los sectores conservadores tuvieron menos suerte con su oposición a la entrega gratuita de la «píldora del día después» a las adolescentes mayores de 14 años: finalmente la medida fue aprobada este año.
En Ecuador, en cambio, hace un año las autoridades eclesiásticas pudieron celebrar una sentencia que prohibió la venta de esta píldora por considerarla abortiva.
El Papa Benedicto XVI apoyó hoy la amenaza de excomunión de los obispos mexicanos contra los miembros de la Asamblea Legislativa y del alcalde de Ciudad de México, Marcelo Ebrard, por haber despenalizado el aborto en la capital mexicana.
«Esta amenaza no es arbitraria y está prevista en el código de derecho canónico», que reglamenta a la Iglesia Católica, subrayó Benedicto XVI, en declaraciones en el avión que le conduce a Brasil.
«Está escrito en el derecho que la muerte de un niño es incompatible con la comunión. Los obispos no han sido arbitrarios, sólo sacaron a la luz el derecho de la iglesia», dijo el pontífice.