En el campo de la novela gravita con singular peso el abogado guatemalteco: Miguel Ángel Asturias, con el sustento mágico del Popol Vuh, dice Ricardo Estrada, desgaja y retoma un sentido y una expresión peculiar para su creación literaria: Hombres de Maíz, Mulata de Tal, Viento Fuerte, El Papa Verde, Viernes de Dolores, Los Ojos de los Enterrados.
El Señor Presidente… Flavio Herrera, nuestro querido maestro de literatura en la Facultad de Derecho, el novelista de la costa grande y su naturaleza indómita: El Tigre, La Tempestad, Poniente de Sirena, Caos. Mario Monteforte Toledo, señalado por Luis Alberto Sánchez como el continuador del camino trazado por Asturias: Entre la Piedra y la Cruz, Anaité, La Cueva sin Quietud, Donde Acaban los Caminos… todas sus vivencias y su conocimiento sobre la existencia del indio, trasladado a una aguda narrativa que hace pensar… pensar en que mucho está por hacerse. Rafael Zea Ruano, sin sustraerse un ápice del “Sabor de la Tierruca”, refundiendo el oriente de la patria en las “Barbas de don Rafai”, en el patio de “Donde la Niña Hermilia”, en la mayordomía de “Ñor Julián”, en el canto agrario de “Tierra Nuestra”… ¿Y qué decir del buen humor; de aquel buen humor de nuestro querido Pepe Hernández Cobos, que cuando, previo el examen de Derecho Internacional Privado, un compañero le hizo una consulta para afinar conceptos, él se concretó a responder que no evacuaba la consulta porque estaba privado de internacional privado? Allí está su novela satiricona, “La Casa sin Paredes”, para leerla de “un solo”, sin interrupciones, con una buena taza de café y varios pañuelos para enjugar lágrimas que provoca la risa, pasándose a traer e medio mundo, como eso de que el comercio es la sublimación de la cleptomanía. Señalamos también como narradores a los abogados Manuel Coronado Aguilar, Alberto Paz y Paz, Clemente Marroquín Rojas y David Vela.
Otro género narrativo que cuenta con la participación de los abogados, es el cuento: Mario Monteforte Toledo, Flavio Herrera, Miguel Ángel Asturias, Luis Aycinena Salazar, Ramón Zelada Carrillo, Max Araujo, Wilfredo Valenzuela Oliva, Marco Antonio Sagastume, Rafael Zea Ruano, José Rodríguez Cerna, Héctor Manuel Vásquez, son cultivadores de la narrativa breve. Generalmente tanto la novela como el cuento guatemalteco escrito por los abogados, están densamente poblados de la realidad rural guatemalteca; sin embargo, lo que escribe Max Araujo y Marco Antonio Sagastume, se acerca más a lo citadino, a los problemas y circunstancias de lo urbano.
En el campo del teatro, el abogado dramaturgo por excelencia, es Manuel Galich. El verbo de la Revolución de Octubre; el historiador de la lucha de la juventud contra la dictadura de otro Señor Presidente, con la obra “Del Pánico al Ataque. Galich nació para dialogar; para platicar; de ahí su gran capacidad para escribir obras de teatro: M’hijo del Bachiller, El Tren Amarillo, El Pescado Indigesto, El Canciller Cadejo, Pascual Abah… Es larga la lista; pero más larga la profundidad de su mensaje y de su solidaridad humana. Manuel Galich murió siendo un abogado leal a lo guatemalteco, como hombre y como dramaturgo. Precisamente la Universidad de San Carlos, reconociendo su personalidad, preparó un justo homenaje a su viva presencia, editando sus obras completas y un estudio biográfico de presentación. Y es que el teatro, por su gran proyección popular y su presentación oral, llega también con su mensaje a los que no saben leer ni escribir. Es el arma que se puede utilizar en contra de un cine aberrante, cargado de estúpida violencia, degradante pornografía, de ficheras y ficciones imposibles. Aquí también el abogado tiene participación y con los mismos méritos de Galich, han escrito este tipo de obras Miguel Ángel Asturias, Monteforte, Carlos Alberto Castañeda Paz y Rodolfo Gálvez Molina.