No es una novedad que al exponer el nivel de ayuda que la cancillería brinda a los guatemaltecos que son acosados por las autoridades migratorias en Estados Unidos, el Ministro de Relaciones Exteriores dijera que apenas si pueden disponer de la asesoría de dos abogados para asistir a los cientos de personas que están sometidas a proceso criminal luego de haber sido sorprendidos con números de seguro social pertenecientes a otras personas, porque en realidad tenemos que reconocer que en general la sociedad guatemalteca y sus autoridades, muestran poco interés por ayudar a los que por necesidad y porque sufrieron los efectos de la marginación en nuestro país, tuvieron que buscar mejores horizontes viajando ilegalmente al Norte.
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Los migrantes se han convertido en la palanca de la economía nacional y sin su contribución seguramente que el país estaría ahora en trapos de cucaracha. Pero ni siquiera por ello nos preocupamos porque el Estado se encargue de brindarles mejor asistencia a través de sus consulados para hacer menos pesada la carga de tener que vivir en territorio hostil donde sufren no sólo la persecución de las autoridades de migración, sino que un trato discriminatorio. Es indudable que el latino es hoy en día razón de sentimientos xenofóbicos que no sólo se ven en Estados Unidos sino que también se manifiestan en Europa con las nuevas normas que criminalizan al migrante, pero mientras ciudadanos de otras nacionalidades, especialmente los mexicanos, cuentan con un decidido apoyo de las autoridades a través de sus consulados, los guatemaltecos se encuentran absolutamente indefensos frente a las adversidades que tienen que soportar en su afanosa búsqueda de ingresos para enviar a sus familias.
Cierto es que el mejor y más valioso esfuerzo para atender este problema está en la promoción de oportunidades en nuestro mismo país para impedir que la gente tenga que buscar mejores horizontes en el extranjero, pero sabemos que ello es tarea inmensa y de largo plazo porque son estructurales los problemas que generan las olas migratorias. Y por ello es que, ante la cantidad inmensa de compatriotas que han emigrado, la Cancillería tendría que tener como uno de sus elementos más importantes una sección entera dedicada a la atención de las necesidades de esos guatemaltecos que sufren lo indecible.
Un viceministerio sin recursos específicos para el tema es insuficiente para dar atención a un problema tan grande como el que representa la presencia de más de un millón de guatemaltecos en Estados Unidos y la corriente de deportaciones que ha ido en aumento por las nuevas y más severas medidas de restricción que se están aplicando en el marco de esos sentimientos en contra de los inmigrantes si vienen de los países latinoamericanos.
Es urgente ofrecer en los lugares donde se asientan los guatemaltecos, suficiente consejo y asesoría para que puedan integrarse de mejor forma al estilo de vida de los norteamericanos que resienten que los latinos, y entre ellos los guatemaltecos, hacen poco esfuerzo por aprender el idioma y acomodarse a los estilos propios de cada comunidad. Y sobre todo que los que han emigrado sientan que hay en el país mínimo interés por atender sus necesidades y por manifestarles de esa forma el reconocimiento al enorme esfuerzo y sacrificio que hacen al vivir en condiciones tan adversas para mantener el flujo de las remesas.