Casi por donde sea que usted atraviese la ciudad de Guatemala, se percatará del abandono en el que se encuentra la ciudad más poblada de Centroamérica. En cualquier arteria, avenida, bulevar, calle o pasaje en el que se localice más de un semáforo, la ausencia de sincronización de estos aparatos con el flujo vehicular es, en dos palabras, un caos. Pero no solo es en la superficie en donde se manifiesta el descuido. También en la recolección de los desechos sólidos y no olvidemos la red de alcantarillado cuya última gran inversión estará por cumplir cuarenta años en unos meses.
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Poco o nada ha servido, para efectos prácticos de la “Ciudad del Futuro”, la única administración que ha tenido este importante municipio en los últimos 27 años. La atención de todas estas gestiones se fincó principalmente en los jardines de la ciudad, los parques y un doblemente eficiente plan de “alimentos por trabajo”, mediante el cual la basura se hace invisible en las principales arterias de la ciudad. Al tiempo que mantienen cautiva una significativa cantidad de personas para efectos electorales. Pero este tren de aseo se topa con un anacrónico y desfasado “centro de acopio de los desechos sólidos”, flamante nombre para el “Basurero de la zona 3”, que en la época lluviosa y cuando los vientos soplan lo suficiente hacen recordar a vecinos de muchas zonas aledañas, que la concentración de desechos en descomposición está en abandono y la salud de los vecinos más pobres, que dice ser el centro de atención de la esposa del alcalde, no es más que una maniobra para concentrar la dispensa de los votos en el momento en el que sea necesario, es decir, cada cuatro años.
El municipio ha crecido en tal magnitud y con gran desproporción que los esfuerzos, por ejemplo en la tardía implementación del transporte colectivo, en efecto son un paliativo para los cientos de miles de usuarios que carecen de los medios para hacerse de un vehículo propio, pero el costo se traduce en agudas aglomeraciones de carros que por la mañana tratan de ingresar en cantidades desmesuradas y por la tarde tratan de salir del municipio que les cobija el trabajo, pero no el descanso y los momentos para compartir en familia. De esta distorsión también es responsable la administración edil capitalina toda vez que no ha podido encauzar acciones para establecer acuerdos y otro tipo de convenios con los municipios adyacentes.
El ideal del urbanismo, desde mediados del siglo pasado, ha sido propiciar las condiciones para hacer placentera la vida en las ciudades. El alcalde Arzú parece que ese objetivo lo ha obviado en sus ahora tres mandatos directos y en los otros tres mandatos indirectos. La arbitrariedad en la administración de este importante municipio no solo se ve opacada por la enorme cantidad de secretos en el manejo de los fondos municipales, sino en las múltiples formas por las que ha abusado de la voluntad que le han otorgado los vecinos al reelegirlo tan reiteradamente.
A este último fenómeno, alguien podría argumentar que el equivocado soy yo, pues el reelecto es el alcalde y las voluntades que le han respaldado estarían en lo correcto en tanto el suscrito en un error enorme. El fenómeno electoral del municipio de Guatemala, es un aspecto que ha de analizarse muy profundamente, los votos a favor del PAN en su momento y luego al UNIONISMO, no necesariamente han sido de vecinos de larga data de su residencia en este municipio. De hecho los datos nos ayudan a comprender que cada vez es menos el caudal de apoyo a la gestión edil. Lo lamentable de este fenómeno es que el número de capitalinos indiferentes o ajenos es cada vez mayor, en razón de ello, una minoría es la que ha respaldado en las últimas elecciones a esta administración. El resultado es un abandono acentuado en la atención a los problemas de fondo de la ciudad y con ello una mayor carga a los municipios vecinos.