Con motivo del 475 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, a partir del próximo lunes en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe (1ª. avenida y 8ª. calle, zona 1) a las 18:00 horas se iniciará la observación con serenata a la Virgen.
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Antes, a las 8:00, 10:00, 12:00 y 17:00 horas se celebrará la misa y a las 16:00 horas se llevará a cabo el rosario y novenas.
Para el 12 de diciembre, la observancia religiosa comenzará a las 6:00 horas con salve y misa, de 15:00 a 20:00 horas se tiene contemplado el rezado de la Virgen.
Según monseñor Enrique Ríos Montt, el solemne rezado de la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe se organizó en esta oportunidad de tal manera que en su recorrido pueda transitar por la mayoría de los hogares de los devotos guatemaltecos.
El trayecto abarcará de la 1ª. a la 6ª. avenidas, entre la 8ª. y la 1ª. calles de la zona 1; así como de la 4ª. a la 6ª. avenidas, entre la 1ª. y 4ª. calles de la zona 2.
La Policía Municipal de Tránsito, en colaboración con la Policía Nacional Civil (PNC), mantendrán a partir del lunes un operativo constante para garantizar a los religiosos la seguridad.
«Esto para que la visita de los fieles católicos al templo se haga dentro del mejor marco de orden, control y seguridad», manifestaron los católicos del Santuario.
Reseña de la celebración
A decir en cierta oportunidad del historiador guatemalteco Celso Lara, la celebración de la Virgen de Guadalupe forma parte del ciclo de tradiciones y festividades de la Nochebuena en Guatemala.
Para el exponente, el rezado de la Virgen de Guadalupe es uno de los más alegres y concurridos de la Nueva Guatemala de la Asunción, desde su fundación en el Valle de las Vacas en 1776.
A principios del siglo XXI puede considerarse el más extenso de los rezados novoguatemalenses. Con comidas tradicionales, niños vistiendo trajes regionales se hacen presentes para rendir culto a la Virgen.
Se le apareció a Juan Diego
Continuando con Celso Lara, un sábado de 1531, a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a clase de catecismo y a oír la santa misa.
Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerro, diciendo: «Juanito, Juan Dieguito».
í‰l subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el Sol.
Dijo: «Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra».
í‰l se arrodilló y le respondió: «Señora mía, voy corriendo a cumplir lo que me has mandado. Yo soy tu humilde siervo». Y se fue de prisa a la ciudad y en derechura al palacio del Obispo, que era Fray Juan de Zumárraga, religioso franciscano.
Cuando el Obispo oyó lo que le decía el indiecito Juan Diego, no le creyó. Solamente le expresó: «Otro día vendrás y te oiré despacio».