El ejército libanés, desplegado en dos frentes, reforzó sus patrullas en el sur del país en busca de los autores de los disparos de cohetes contra Israel, y continuó en el norte estrechando el cerco en torno a un grupo islamista atrincherado en un campo palestino.
Blindados del ejército libanés y de la FINUL patrullaban la carretera a lo largo de la frontera israelí mientras que el ejército y la policía habían establecido puntos de control en la región fronteriza tras los disparos de cohetes a partir del territorio libanés hacia el norte de Israel, por primera vez desde hace diez meses.
El domingo en la tarde, dos cohetes cayeron en la ciudad israelí de Kiryat Shmona, a 10 km de la frontera libanesa, sin causar víctimas pero provocando daños materiales.
Israel estimó que los disparos de cohetes eran obra de un grupúsculo palestino sin precisar cuál de ellos. El Hezbolá aseguró no tener nada que ver con esos tiros y el gobierno libanés se comprometió a perseguir a los responsables.
Estos disparos, los primeros desde la guerra de mediados del año pasado entre el Hezbolá libanés y el ejército israelí, hicieron aumentar aún más la tensión en el país, afectado ya por numerosos atentados, mientras los combates continuaban con el grupo yihadista cercado en el campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared, en el norte.
El ejército libanés bombardeó intensamente este lunes Nahr al-Bared, donde están atrincherados desde hace 30 días los miembros del Fatah al-Islam.
Fatah al-Islam, cercano a la red terrorista Al Qaida, agrupa a centenares de combatientes de diferentes nacionalidades árabes, entre ellos libaneses. El gobierno de Líbano los acusa de estar manipulados por los servicios de inteligencia sirios. El ejército se niega a negociar con ellos y exige que se rindan.
Desde temprano en la mañana del lunes, los obuses disparados por la artillería desplegada en las colinas y por los tanques desde las inmediaciones del campamento, caían a intervalos de cinco minutos.
Las explosiones de los proyectiles se sucedían en los edificios de varios pisos de lo que se llama «el nuevo campo», una prolongación del original en límites fijados por la ONU, provocando incendios y nubes de humo y polvo.
Durante el fin de semana, el ejército penetró en el nuevo campo y destruyó con explosivos el complejo de Samed, un edificio de varios pisos donde los islamistas tomaron posición para disparar contra el ejército, según un oficial libanés.
Por otra parte, una fuerza palestina compuesta de organizaciones de la OLP (Fatah, FPLP, FDLP), así como el Hamas y la Yihad islámica, se está constituyendo para proteger a los 2.000 habitantes que siguen en el sur del campo e impedir que los islamistas se infiltren entre los civiles.
Nahr al-Bared tenía 31.000 habitantes antes del 20 de mayo.
En Arabia Saudita, el ministro del Interior solicitó a las autoridades libanesas la extradición de todo saudí que esté en su poder por pertenecer al Fatah al-Islam.
El 1 de junio, el diario saudí Asharq Al-Awsat había indicado que cuatro saudíes miembros del Fatah al-Islam debían ser extraditados del Líbano a Arabia Saudita.
Decenas de saudíes están afiliados al movimiento islamista. Hasta ahora, los combates han dejado 135 muertos, entre ellos 68 militares y 50 islamistas.
El comisario de la Agencia de la ONU para el auxilio a los refugiados palestinos (UNRWA) Karen AbuZayd dijo que se esperaba un rápido retorno a la calma en Nahr al Bared con el fin de permitir la reconstrucción.
«Cuando hayan callado los cañones entraremos al campo para iniciar un largo trabajo de reconstrucción, pero antes habrá que despejar el terreno de minas», dijo a la prensa en Ammán.