Ejército advierte que recurrirá a la fuerza si es necesario


El ejército libanés decidió recurrir a la fuerza si es necesario a partir de hoy contra la presencia de hombres armados, mientras seguí­a su despliegue sin lograr impedir los enfrentamientos entre partidarios de la mayorí­a gubernamental antisiria y del opositor Hezbolá.


Durante la noche se registraron nuevos combates en Trí­poli (norte), entre partidarios de la oposición y de la mayorí­a.

A estos enfrentamientos siguió un nuevo despliegue del ejército en la periferia de los barrios sensibles del norte de Trí­poli, donde chocan militantes sunitas pro gubernamentales y alauitas, grupo disidente del chií­smo pero leal al Hezbolá.

Desde el sábado, el ejército prosigue su despliegue a través del paí­s para intentar evitar que se extienda la violencia, que desde el 7 de mayo dejó 61 muertos y unos 200 heridos en el oeste de Beirut, en Trí­poli y en la montaña drusa, al sureste de la capital.

A partir de hoy, el ejército decidió utilizar si es necesario «la fuerza» contra toda presencia armada.

«A la medianoche (hora de Guatemala) no tení­amos conocimiento de ningún brote de violencia en las zonas donde está desplegado el ejército», declaró un portavoz militar.

El diario An-Nahar, afí­n a la mayorí­a, explicaba que esta decisión es el resultado del compromiso de las diferentes partes por evitar que la situación escape a todo control en la espera de los resultados de una mediación de la Liga írabe, que mañana enví­a a una delegación a Beirut.

La oposición, que prosigue con su movimiento de «desobediencia civil», mantiene sin embargo los retenes de carretera, especialmente en la que conduce al aeropuerto, al sur de Beirut, lo que impide de facto todo tráfico aéreo. También bloquea la carretera que lleva a la frontera con Siria, en el este.

El ejército, tradicionalmente encargado de mantener el orden en Lí­bano, no habí­a intervenido hasta ahora desde que estalló esta ola violencia, la más sangrienta desde la guerra civil (1975-90).

Las divisiones en el seno del ejército libanés, mosaico de las diferentes comunidades que forman el paí­s, habí­an conducido a su desmembramiento durante la guerra civil, antes de la desintegración del Estado.

Pero con su actitud de neutralidad el ejército se está ganando crecientes crí­ticas. «El ejército no sólo ha evitado interponerse de forma eficaz entre los combatientes, sino que ha fracasado vergonzosamente, además, en proteger a los simples ciudadanos», escribí­a hoy el diario Orient Le Jour.

Los primeros enfrentamientos entre los partidarios de la oposición -aliada de Irán y de Siria- y de la mayorí­a -respaldada por los occidentales y la mayor parte de los paí­ses árabes- estallaron en Beirut el 7 de mayo.

Eran la consecuencia de varias medidas tomadas por el gobierno para contrarrestar la influencia del Hezbolá, que la parte chiita interpretó como una declaración de guerra.

El Hezbolá tomó entonces el control del oeste de Beirut tras haber expulsado a sus rivales sunitas progubernamentales. El ejército decidió después paralizar las decisiones gubernamentales y llamó a los hombres armados a retirarse de las calles.

Estos combates se producen tras 18 meses de parálisis institucional en Lí­bano, donde la comunidad chiita, aliada a una parte de los cristianos, reivindica una creciente influencia frente a la mayorí­a, que agrupa a sunitas, cristianos y drusos.

Esta crisis impide desde noviembre la elección del jefe de Estado. Una nueva sesión parlamentaria para elegir a un presidente, prevista para hoy, fue aplazada hasta el 10 de junio.

En pleno bloqueo polí­tico. Los paí­ses árabes y occidentales reiteraron su apoyo al gobierno de Fuad Siniora. El presidente estadounidense George W. Bush, que hoy partí­a hacia Oriente Medio, advirtió a Irán y a Siria que la comunidad internacional no permitirá que Lí­bano vuelva a caer bajo control extrajero.