El pasado jueves me referí en este espacio al angustiante fenómeno de la desnutrición infantil en Guatemala, que infortunadamente ocupa el primer lugar en el continente americano, en conformidad con un análisis elaborado para el efecto por el Programa Mundial de Alimentos y la Comisión Económica para América Latina, agencias de la ONU.
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En esta ocasión intentaré resumir las informaciones más impactantes referentes a los efectos y costos de la desnutrición global, tomando como referente el año 2004, y aunque la política institucional alimentaria ha logrado modestos avances, no ha avanzado lo suficiente, como para que Guatemala logre solucionar el grave fenómeno del hambre, que es una verdadera cuestión de Estado.
En lo que atañe a los efectos en salud, la desnutrición, a temprana edad, predispone a las personas a un mayor riesgo de morbilidades y mortalidad, como lo detallé en mi artículo anterior, pero cabe resaltar que el costo de la desnutrición global en salud, que en el año de referencia ascendió a 560,459 casos, tuvo un costo de Q2,267 millones anual.
Sin embargo, el problema de la desnutrición también repercute en otras áreas de la actividad nacional, de tal manera que en lo que respecta a las coberturas de educación consignadas en las estadísticas proporcionadas, son apreciablemente altas en la enseñanza básica o primaria (87 %) y disminuyen en la educación secundaria (30 %).
Estas cifras tienen su explicación, en el sentido de que es mucho menor el número de menores que acceden a la educación media, en relación con los que asisten a escuelas primarias.
De acuerdo con la encuesta de hogares, el promedio de escolaridad de la población adulta (de 20 a 64 años de edad) llega a los 4.5 años de estudio, de suerte que entre quienes tienen entre 55 a 64 años de edad, el promedio de escolaridad es de 3.6 años menor que entre los guatemaltecos que se encuentran entre los 20 y los 24 años de edad; pero, de todas maneras, se mantiene un rango de escolaridad bajo y un alto déficit de cobertura que representa que sólo el 17 % de éstos haya finalizado el ciclo medio.
Según el informe, entre los niveles básico y medio, la población guatemalteca con desnutrición presenta un diferencial de escolaridad promedio inferior de dos años, respecto a los no desnutridos, lo que obedece, parcialmente, a que entre quienes sufrieron de desnutrición en su etapa preescolar, hay una mayor proporción que ni siquiera alcanzó el primer grado de primaria.
La población desnutrida que ingresó a la escuela y logró al menos un año de estudio, presenta una mayor proporción de estudiantes que sólo asistieron a la educación básica (88%) respecto de los no desnutridos (44 %). La relación se invierte progresivamente en la educación media, haciendo que menos del 3 % de los desnutridos alcance 12 años de escolaridad, mientras que el 16 % de los no desnutridos sí lo logra. Tales diferencias constituyen indicadores muy importantes en lo que se refiere a las brechas de oportunidad de trabajo e ingresos existentes entre unos y otros, en la vida laboral.
Adicionalmente, la desnutrición global en Guatemala habría generado 82,247 repitentes extra en 2004, que se traducen en correspondientes costos incrementales. Del total, el 66 % ocurre en el nivel primario. Los menores que han sufrido desnutrición, muestran una mayor concentración de repitencia en los primeros grados de la escuela primaria, que los llamados «normales», es decir, los no desnutridos.
Los datos anteriores, significan que el costo adicional del sistema educativo, en el caso de los repitentes a causa de desnutrición, ocupa un lugar predominante entre los costos de educación. La repitencia de los niños desnutridos equivale a 16.5 millones de dólares, que corresponde al 2.45 % del gasto social en educación, mientras que la pérdida de productividad derivada de las 641 mil muertes de menores de 5 años, significa un costo de 983 millones de horas de trabajo, algo más del 10 % de las horas trabajadas por la población económicamente activa.
(El maestro de Romualdito, del Barrio San Antonio, que sufre de desnutrición, le pregunta al alumno: -¿Qué es un cachivache? El chico responde: -Un pequeño hoy en el pavimento que está a punto de convertirse en bache).