EE.UU. y Japón debilitan sus monedas


Estados Unidos da la impresión de permitir la depreciación del dólar para alentar su crecimiento y Japón vende yenes en forma masiva para proteger sus exportaciones, pero la Eurozona parece condenada a tener una moneda fuerte, garante de la estabilidad aunque sinónimo de menos competitividad.


El euro, que se cotizaba a 1,27 dólares el 13 de septiembre, superó el miércoles 1,34 USD por primera vez desde fines a abril, cuando la crisis por las deudas soberanas de algunos miembros de la Eurozona empezaba a angustiar a los mercados.

La suba del euro se acentuó tras el anuncio de la Reserva Federal norteamericana (Fed) de que estaba dispuesta a adoptar nuevas medidas para enfrentar la desaceleración de la economí­a de Estados Unidos.

Entre esas medidas podrí­a estar la de fabricar moneda, algo que lógicamente debilitarí­a al dólar.

En Japón, en tanto, las autoridades resolvieron lanzar el pasado 15 de septiembre una operación espectacular de venta de divisas para frenar el alza del yen, que habí­a tocado su nivel más alto de los últimos 15 años ante el dólar.

«La consecuencia lógica de esta batalla entre Estados Unidos, Japón y por supuesto China (acusada en forma regular de manipular su moneda) es que el euro deberí­a subir, como en 2002», comentó el experto Simon Derrick, de BNY Mellon.

En efecto, si norteamericanos y japoneses pueden intervenir con relativa facilidad para orientar sus monedas, en la zona euro las cosas son distintas.

La primera razón de ser del Banco Central Europeo (BCE) es controlar que la inflación no se dispare y no actuar en el tipo cambiario, recuerda el economista Gilles Moí«c, de Deutsche Bank.

Para intervenir en el euro, el BCE necesita el apoyo de los 16 paí­ses que integran la Eurozona.

«No es seguro que el BCE pueda encontrar un consenso con los paí­ses miembros» sobre ese tema, indica Moí«c.

En efecto, mientras Francia critica en forma regular un euro fuerte que castiga sus exportaciones, Alemania considera que esa fortaleza es de «interés vital».

Esto se debe a que la estructura de su comercio exterior la pone relativamente al abrigo de las fluctuaciones de la moneda única, ya que el 41% de sus exportaciones van a paí­ses de la Eurozona y algo más del 60% a paí­ses de la Unión Europea (UE).

Por otra parte, un euro fuerte se corresponde con las preferencias históricas de Berlí­n en materia monetaria, ya que el paí­s quedó muy marcado por la inflación galopante de los años 30 que contribuyó a llevar al poder al nazismo.

En cambio, «Grecia, Portugal y España preferirí­an probablemente un euro más cerca de la paridad con el dólar», señala Michael Hewson, analista de CMC Markets.

De todos modos, y más allá de un acuerdo europeo, una intervención sobre el euro «solo puede ser eficaz si es concertada a nivel internacional», es decir con la ayuda de Estados Unidos y Japón, que no parecen interesados por el momento, estima Gilles Moí«c.