Educar para la participación ciudadana


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Me parece que hay una relación claramente directa entre democracia y participación ciudadana. Solo que ésta puede aparecer en diversos niveles: desde quien dice hacer país (y política), dedicado a su trabajo, produciendo a brazo partido en las fábricas, hasta quienes hacen de la política un oficio y se esfuerzan por alcanzar un cargo público.

Eduardo Blandón


En Guatemala aparece cada vez con más frecuencia una forma particular de participar en la vida ciudadana que consiste en alistarse para las huelgas, manifestar y protestar contra quienes se responsabiliza de distintas situaciones. Esto no es nuevo ni lo hemos patentado en nuestro país, pero es una marca que cada vez se registra por la forma “sui generis” en que se suceden los eventos.

Las protestas callejeras me parece que no deberían darse y no creo que sean una forma cualificada de hacer vida pública. Especialmente si ellas generan violencia y paralizan la vida económica y la paz de quienes fortuitamente las sufren. Sin embargo, dado que los políticos no atienden las demandas de la población, no les interesa y no consideran formas de diálogo con la población, éstas se justifican plenamente.

Las manifestaciones son una respuesta a la intolerancia y la indiferencia que es moneda corriente en nuestra sociedad. No solo los políticos son obcecados y ciegos, brutos y asnos que no hablan ni sienten según la forma humana, sino los sectores diversos: instituciones privadas, públicas y sujetos singulares. Si tan solo las instituciones escucharan, si las personas hablaran y estuvieran dispuestas a ponerse en el lugar del vecino, si tan solo fuéramos un poco más abiertos.

Pero no es así. Tanto políticos y empresarios, sujetos particulares y grupos en general, solo se acercan a los demás cuando hay un interés pensado. Así, exasperan a los otros y provocan que tanta represión salga a flote de manera indecente, ominosa y deplorable. ¿A quiénes les gustan las manifestaciones? ¿Quiénes disfrutan estar parados en su carro por horas cuando se dan las protestas? Sospecho que a ninguno, pero son expresiones éstas de frustración generalizada e indignación.

De modo que si queremos que la participación ciudadana sea de calidad, debemos (es tarea primordial de la sociedad en general: escuelas, colegios, universidades e instituciones diversas -incluida la Iglesia-), educar para un liderazgo diferente. Pero no solo para que la gestión pública sea distinta, sino para enseñar un comportamiento nuevo que se distinga por aprender a escuchar y observar al otro.

Si no actuamos seguiremos protestando como trogloditas, tapando agujeros por todas partes y haciendo del país un lugar donde la cohabitación será como hasta ahora: una penitencia cotidiana.