Educación inicial y competitividad


Me he fijado que uno de los temas de moda es la competitividad. Ese término se oye en la radio, se lee en los medios escritos y se escucha en diversas conversaciones. Cada quien tiene una forma de abordar el concepto de esa palabra en relación al negocio globalizado, al recurso humano y recientemente se escucha más, en relación a la educación. Es en este último campo que quiero abordar el tema de la educación relacionada al concepto «competitividad» y referirme en especial al nivel de Educación Inicial.

Raymond J. Wennier

La palabra competitividad significa «Rivalidad para la consecución de un fin». Competencia significa «Disputa o contienda entre dos o más personas sobre algo».

Ejemplo: El viernes 20 de abril, en Prensa Libre, se utilizó el verbo COMPETIR de la siguiente manera: «Mahler se lanza a competir en el mercado de la leche en polvo». En el campo educativo, se oye que funcionarios del Mineduc dicen que hay que preparar a los jóvenes para ser competitivos en el mundo globalizado de los negocios. ¿Desde qué edad iniciamos a nuestros hijos en la «competitividad»? Me preocupa que esa enseñanza está siendo utilizada a mucha más temprana edad de lo que conviene. Toda enseñanza a temprana edad, forma patrones cerebrales y arraiga el comportamiento, haciendo conexiones neuronales que después son difí­ciles de cambiar. La competitividad de la idea de que es un asunto que cae en INDIVIDUALISMO. Un ejemplo es tener que ser el mejor estudiante de su clase; por lo tanto, él o ella, hace cualquier cosa para obtener las mejoras calificaciones, resultados de exámenes, para estar en el puesto número uno de su clase. Otro ejemplo, es ser la estrella del equipo deportivo, sin querer realmente jugar en equipo.

A mi juicio, NO es la competitividad lo que debemos estar enfatizando en la educación, sino la COOPERACIí“N. Este concepto (cooperación) debe iniciarse en la edad temprana, la que corresponde a la educación inicial y la Preprimaria. Hay que trabajar con los niños acerca de la actitud y comportamiento que demuestran la cooperación y el sentido de ayudar a sus compañeros, es decir, iniciarlos en lo que eventualmente será el trabajo en equipo. Se hace eso durante los «juegos» que no es más que la socialización de los miembros de un grupo. El juego, correctamente dirigido, no incluye el concepto, ni explí­cito, ni oculto, de la competencia, más bien se habla de COMPARTIR y COOPERAR con los otros integrantes del grupo. Una actividad dirigida por adulto que suena un gorgorito, significa competencia. Los niños, para GANAR esa competencia, harán cualquier cosa, hasta un chanchullo para ganar. Un ejemplo sin competencia, es simplemente correr. ¿Cuál es la meta, correr para ganar, correr por el gozo de hacer ejercicio conjuntamente con compañeros? ¿Qué paso si un compañero cae mientras están corriendo? En el ejemplo de ganar (competir), el niño sigue corriendo sin pensar en ayudar al otro. En el segundo ejemplo, el niño se detiene para darle la mano al niño caí­do. Es cuestión de ACTITUD y COMPORTAMIENTO, ejercitados y arraigados a una temprana edad. ¡COOPERAR ES MEJOR!

¿Cuándo se inicia la enseñanza para la Democracia? (Democracia es cooperar). Sabemos que la democracia es de nacimiento DIFíCIL y mucho más dura de lograr cuando la persona es de mayor edad y con actitud competitiva. La democracia es DOLOROSA en sus primeras etapas de vida y durante el proceso de arraigarse en sí­ y a toda la sociedad. La democracia es DURA en su aplicación pareja. La democracia es la PARTICIPACIí“N de los miembros de un grupo o de toda una Nación. Para participar con madurez y llegar a conclusiones se necesita de la actitud y del comportamiento de COOPERACIí“N (D=D1 D2 D3).

Opino que debe empezarse la enseñanza de la democracia en la educación inicial. Es contrario a la competitividad, es aprender, entender y poner en práctica la COOPERACIí“N y eso se principia en los primeros contactos con los niños en la educación inicial y la preprimaria.

La cooperación ayuda al niño en su autoestima, le da seguridad en él mismo, a sentir el éxito, a sentirse incluido en el grupo y esos son valores que sí­ queremos arraigar en el niño para su adecuada preparación en el futuro.