Ecuatoriano fotógrafo… y testigo de bodas en NY


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Cientos de personas se casan de civil en Nueva York todos los días. Algunas se olvidan las flores o los anillos. Eso se resuelve fácil. Pero, ¿qué se hace cuándo falta un testigo?

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Por BETHAN McKERNAN
NUEVA YORK /Agencia AP

Es ahí que Braulio Cuenca y Goran Veljic vienen al rescate. Son dos fotógrafos que han hecho de testigos en cantidades de bodas y que terminan siendo parte del día más feliz de muchos neoyorquinos.

«Cuando te sientas triste o tenso, ven al registro civil para ver una boda», comentó Veljic, un hombre de 43 años oriundo de lo que hoy es Serbia. «Me encanta moverme en un ambiente de amor y felicidad».

Cuenca, un ecuatoriano de 47 años, es el más veterano en el oficio. Lleva 20 años en esto. Veljic lleva cuatro y entre los dos and visto todas las ceremonias imaginables. Y algunas que desafían la imaginación.

Por ejemplo la de una cantante de ópera que se casó con alguien que venía de Alemania. Fue a buscar al novio al aeropuerto, se presentaron en el registro civil y en cuestión de horas el recién casado regresó a Alemania.

O los hermanos que se casaron al mismo tiempo. O la pareja que no concebía contraer matrimonio sin su perrito presente. Y ni qué hablar de los neoyorquinos que no tienen tiempo para nada y se casan escapándose del trabajo durante la hora del almuerzo. Se toman unas fotos apresuradas, se dan un beso y regresan a sus trabajos en taxis separados.

«Son momentos especiales», dice Cuenca, quien nació en la ciudad del mismo nombre. «Es un minuto en la vida de las parejas con un significado por el resto de sus vidas. Poder ver eso es especial».

Cuenca y Veljic son los dos únicos fotógrafos especializados en el registro civil. Por más que se hagan la competencia, se llevan bien. Se ubican en sitios estratégicos diferentes (Cuenca en la acera, Veljic cerca de la escalera de entrada) para detectar parejas que requieran fotógrafo o un testigo.

«Siempre que alguien necesita un testigo los mandamos a buscar los fotógrafos y ellos están dispuestos a dar una mano», comentó Samantha Goldsberry, quien trabaja en un local de venta de flores y regalos. «Son dos de los personajes más interesantes que tenemos aquí. Son parte de todo esto».

Cuenca dice que aprendió el oficio de su padre en el paseo de Coney Island, donde vestía a turistas que se sacaban fotos graciosas. Se cansó de eso y no lo pensó dos veces cuando se dio cuenta de que podía hacer negocio tomando fotos de casamientos en el registro civil.

El ecuatoriano, quien está casado y tiene cuatro hijos grandes, dice que la oficina del registro civil es como «un segundo hogar» para él y sus empleados son como su familia.

Ni Cuenca ni Veljic cobran por hacer de testigo. Si la pareja quiere fotos, la tarifa de Cuenca es de 175 dólares por un álbum de 35 fotos, en tanto que Veljic ofrece series de fotos y DVDs por 299 dólares.

El ecuatoriano cuenta que no se molestó cuando apareció Veljic porque hay trabajo para los dos. De vez en cuando asoman otros fotógrafos, pero no van todos los días. De hecho, Cuenca y Veljic son bastante afortunados de no tener más competencia ya que no hace falta permiso alguno para tomar las fotos de las bodas.

Ultimamente les ha ido bien. El registro civil realiza unas 20.000 ceremonias anuales y ha habido mucho movimiento desde el 2009, en que se ampliaron y renovaron las oficinas, y desde que la Corte Suprema abolió hace poco parte de una ley contra el matrimonio gay.

Jeffrey Thompson y Michal Prosk, de Palm Beach, Florida, se casaron en Nueva York porque en su estado es ilegal el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Al no ser de aquí, no tenían testigo.

«Fuimos a buscar alguien que quisiese hacer de testigo y Goran se ofreció gentilmente de voluntario», cuenta Thompson. «Lo ha hecho muchas veces. Es como tener la firma de una celebridad en nuestro certificado de matrimonio».

Cuenca y Veljic cuentan que la gente los recuerda y a veces entablan conversaciones con ellos en la calle o los trenes subterráneos para rememorar el momento compartido.

«Cada ceremonia es distinta, lo mismo pero diferente», dice Veljic. «Los neoyorquinos están llenos de sorpresas. Nunca sabes qué va a pasar».