La economía es el principal motivo de preocupación entre los votantes estadounidenses a menos de cuatro meses de la elección presidencial y, ante la avalancha de noticias alarmantes, no habría razón para creer que esto cambie.
Los dos candidatos a la Casa Blanca, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, buscan convencer a los electores que sus programas conllevan la mejor solución para relanzar la economía.
El candidato demócrata entiende que hay que dinamizarla generando trabajo mediante grandes obras de infraestructura.
Pero la degradación de la economía va tan rápido que nadie puede asegurar que el próximo presidente tenga los medios para lograr sus objetivos.
Ayer, el Departamento de Trabajo anunció un incremento vertiginoso de los precios al consumo, el más fuerte en 26 años.
Casi medio millón de estadounidenses han perdido su empleo desde enero y el precio de los inmuebles ha caído 15%. El número de personas amenazadas de perder sus apartamentos creció de 2 millones a 2,5 millones. Según el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, la economía de Estados Unidos enfrenta grandes dificultades que no podrán ser reabsorbidas por lo menos hasta fin de año.
El repliegue del precio del petróleo registrado en las últimos días no puede hacer olvidar que el costo del combustible es 80% más caro que hace un año. A todo esto hay que sumar la precaria situación de los mercados bursátiles y las instituciones financieras.
En los últimos días, los periódicos estadounidenses han publicado fotos que muestran largas filas de personas retirando sus ahorros de Indymac, el banco californiano en quiebra. Siguiendo sus pasos, hay entre 100 y 150 bancos que podrían cerrar sus puertas en los próximos 12 a 18 meses, según las estimaciones.
Para generar confianza entre los estadounidenses, el republicano McCain propuso -a pesar de haberla criticado antes- una política de reducción impositiva iniciada por el presidente George W. Bush. Según el senador de Arizona, la baja de impuestos debería repercutir en el poder de compra de los consumidores y permitiría a la compañías volver a invertir.
«Si ustedes creen que deberían pagar más impuestos, yo no soy un buen candidato. El senador Obama es vuestro hombre», sostuvo recientemente McCain.
También promete reabsorber la deuda federal que crecerá a más de 9 billones de dólares para el 2013, el final de su eventual primer mandato.
Obama compara el programa económico de su adversario con el de George W. Bush y estima que «los estadounidenses no pueden permitir cuatro años más de la política de Bush».
Para el senador de Illinois no son los ricos los que crean las condiciones para la prosperidad, es la clase media. El quiere enfocarse en ellos, especialmente con un crédito impositivo de 500 dólares por persona y de excepciones fiscales para las pequeñas empresas. Propone la suspensión del impuesto para las personas de edad que ganen menos de 50 mil dólares por año. Por otra parte se opone a las reducciones fiscales para aquellos que ganen más de 250 mil dólares por año.
También busca la implementación de un nuevo plan de reactivación de 50 billones de dólares, similar al negociado por la Casa Blanca en invierno. También pide una intervención urgente del Estado para sostener los emprendimientos inmobiliarios insolventes. Una idea que rechaza el senador McCain.
Según el Instituto de Política Impositiva, un organismo independiente especializado en cuestiones fiscales, la baja de los impuestos propuesta por McCain incrementaría la deuda nacional en 4,3 billones de dólares de hoy al 2018. Por su parte la baja de impuestos planteada por McCain aumentaría la deuda en 3,3 billones.
El candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, viajará en los próximos días a Europa y Medio Oriente en su primera gran gira al extranjero, que luce como un aprendizaje para su eventual rol como comandante en jefe.
El senador de Illinois, que no tiene real experiencia en política exterior, visitará Jordania, Israel, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Podría también efectuar una visita, junto a otros parlamentarios estadounidenses, a Irak y Afganistán, aunque por razones de seguridad aún no se han provisto detalles sobre esta posibilidad.
El candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, tiene dificultades para consolidar el apoyo crucial de la colectividad judía que, sin embargo, vota históricamente por su partido.
«Parece ser que Obama tiene problemas para superar los temores de algunos de los votantes judíos», dijo Jonathan Goldberg, director del semanario estadounidense judío The Forward, basado en Nueva York.