Mientras en el hemisferio norte se producen heladas que provocan caos en las comunicaciones, en el hemisferio sur el verano provoca oleadas de calor agobiante y todavía así hay gente que se ríe de las advertencias de los expertos sobre los efectos del cambio climático y el calentamiento global que según los entendidos es causante de estos enormes desequilibrios que afectan a la humanidad y que se han prolongado ya por varios años.
Ciertamente los países menos desarrollados no podemos hacer mucho para cambiar la situación global, pero sí que debiéramos poner nuestro grano de arena y, además, ejercer presión en los foros internacionales para que las grandes potencias entiendan el daño que le están haciendo a la humanidad con su insensato comportamiento. Los protocolos que se han propuesto para que todos los países ayuden a reducir las emisiones que son causantes del calentamiento global salen sobrando porque en el desenfrenado consumismo se continúa con el derroche de recursos.
Los problemas del medio ambiente nos tienen que preocupar a todos porque al final han de pasarnos serias facturas a nosotros y, sobre todo, a las generaciones futuras que posiblemente se encuentren con un problema que ya no se pueda revertir. El desmedido uso de los combustibles fósiles, especialmente para la generación de energía y para dar calor, resulta inaudito cuando en el mundo existen ya modernas tecnologías que nos debieran liberar de la dependencia del petróleo y de ese tipo de generadores. La energía nuclear, lejos de ser utilizada como instrumento para la construcción de arsenales, podría ayudar a la humanidad a liberarse de esa dependencia que, además, está acelerando la destrucción de las reservas probadas y probables de combustibles en el planeta.
Resulta en verdad patético el comportamiento de las naciones y sus pueblos con esa tremenda indiferencia frente a las complicaciones del cambio climático y las serias advertencias de un calentamiento global de consecuencias trágicas. Hemos visto el aumento de la potencia de los fenómenos atmosféricos en los últimos años con efectos devastadores sobre áreas cada vez más pobladas y ese patrón amenaza con irse acrecentando. Pero evidentemente ha calado mucho la prédica de quienes califican de alarmistas y exagerados a los «ecohistéricos» que advierten sobre las desgracias que nos esperan y continuamos con nuestra loca carrera de consumo contaminante, de derroche de recursos que tanto daño le hace al medio ambiente y que compromete más de lo que pueda imaginarse el futuro de la vida en la Tierra. Estos signos contradictorios de la mitad del planeta congelándose en el norte mientras en el sur se asfixian del calor, es una muestra palpable de los extremos que nos esperan.