Dudas por amenaza separatista


Las autoridades chinas acusaron a los «separatistas» uigures de los disturbios en Xinjiang (noroeste) y llegaron a acusarlos de «terroristas», aunque los expertos dudan de la existencia de estas amenazas en esta región de mayorí­a musulmana.


Los observadores estiman que el estallido de violencia que dejó 156 muertos el domingo es el resultado de la frustración de una minorí­a étnica, la uigur, que se encuentra «exhausta».

Es ese sentimiento que podrí­a, si China no flexibiliza su polí­tica hacia los uigures, en especial desde el punto de vista religioso, engendrar un extremismo violento.

Apenas al dí­a siguiente de los disturbios del domingo, la región de Xinjiang afirmó que tení­a «pruebas sólidas» de la implicación del Congreso Mundial Uigur de la disidente exiliada Rebiya Kadeer.

«Es una técnica utilizada desde hace mucho tiempo por Pekí­n y que consiste en hacer cargar a la diáspora uigur con todo lo que pasa en Xinjiang», estimó Thierry Kellner, investigador del Instituto de Estudios Contemporáneos Chinos de Bruselas (BICCS). «Es una manera bastante simple para responsabilizar a otros por sus propios errores», indicó.

Es dudoso que esta comunidad en el exilio disponga de una fuerte audiencia en esta región aislada que llama «Turkestán Oriental».

«Olvidamos a menudo que gran parte de la población uigur en Xinjiang son campesinos, por lo tanto no tienen acceso a internet. No creo posible que puedan informarse de las convocatorias que lanza la diáspora», señaló Kellner.

Algunos analistas se sorprendieron de que China acusara a dicho Congreso, con sede en Estados Unidos, cuando en los hechos la comunidad uigur exiliada más importante vive en Alemania y en Turquí­a.

Pekí­n estableció rápidamente una relación entre la disidencia uigur y Osama Bin Laden, jefe de la red terrorista Al Qaida.

Desde el 11 de septiembre de 2001, China asocia en Xinjiang al separatismo con el terrorismo, «una manera de obtener el respaldo occidental en su lucha contra los separatistas uigures», explicó por su parte Jean-Philippe Beja, sinólogo del Centro francés de Investigación sobre China Contemporánea (CEFC) con sede en Hong Kong.

«En lo que se refiere a los separatistas en China, tenemos pruebas de que estas personas fueron entrenadas en el extranjero, inclusive por Al Qaida», aseguró el jueves Qin Gang, vocero del ministerio chino de Relaciones Exteriores.

Xu Jianying, investigador en la Academia de Ciencias Sociales agregó por su parte que «los separatistas y los terroristas no pertenecen a las mismas organizaciones, pero su objetivo es el mismo».

Los expertos occidentales no ven ningún signo de que las redes terroristas estén activas en Xinjiang, en donde los uigures, musulmanes sunitas, practican un islam moderado. Los observadores subrayan además que durante los disturbios de Urumqi no se vio a ningún uigur con un Corán en la mano gritando «Â¡Alá Akbar!» (Dios es grande).

«Que haya gente vinculada a los movimientos islamistas, es evidente, sin embargo saber cuál es su audiencia es muy difí­cil», dijo Beja.

«Tienen contactos. ¿Pero tienen realmente una red en el lugar? No lo creo», aseguró.

«Hay uigures que van a Pakistán, también se ven wahabistas (corriente mayoritaria suní­) que vinieron a instalar mezquitas en Xinjiang», dijo subrayando que «hay intercambios», aunque limitados.

Otros analistas evocan la presencia de «algunas decenas de uigures» en la provincia de Waziristán, noroeste de Pakistán, paí­s en donde los uigures de Guantánamo fueron detenidos en 2001 luego de huir de Afganistán.

«La amenaza islamista que señala Pekí­n me parece enormemente exagerada», agregó Kellner.

Sin embargo, Pekí­n habí­a logrado que el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (ETIM), casi desconocido, fuera listado por la ONU y Washington como una organización terrorista.

En nombre de la lucha antiterrorista, Pekí­n pudo justificar una polí­tica muy represiva en Xinjiang, deteniendo en 2008 a 1.300 personas acusadas de poner en peligro la seguridad del Estado chino.