Dramático cierre de las campañas republicanas en Carolina del Sur


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Los republicanos Mitt Romney y Newt Gingrich no ceden un milí­metro en Carolina del Sur al concluir la imprevisible campaña de las primeras elecciones primarias presidenciales este año en el sur del paí­s.

Por THOMAS BEAUMONT COLUMBIA / Agencia AP

Romney lucha contra un Gingrich que ha ganado terreno repentinamente en las encuestas, mientras que sus rivales Rick Santorum y Ron Paul buscan sorprender en una contienda de cuatro hombres que ha dado giros sorprendentes en las últimas 48 horas.

Consideradas como una posible victoria para Romney hace sólo unos dí­as, las primarias de Carolina del Sur se han convertido en una reñida lucha entre Romney, el exgobernador de Massachusetts que dice ser el más apto para vencer al presidente Barack Obama, y Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y excongresista por Georgia.

Ambos realizarí­an eventos de campaña el sábado en el restaurante Tommy’s Ham House, en Greenville, una población donde los republicanos son mayorí­a. Y ninguna de las campañas da muestras de ceder terreno.

Es «un empate», declaró Romney el viernes, en una disminución de sus expectativas de una contienda que encabezaba por diferencia de dos dí­gitos a mediados de la semana.

Incluso mientras Romney promocionaba su capacidad para ganar los comicios de noviembre, siguió intentando generar dudas en torno a la ética de Gingrich.

Gingrich, reforzado por el apoyo del gobernador de Texas Rick Perry cuando éste abandonó la contienda el jueves, consideró que la sugerencia de Romney de que Gingrich dé a conocer documentos relacionados con una investigación por presuntas violaciones a la ética que se remonta a la década de 1990 es un «ataque de pánico» de Romney debido a que pierde terreno en las encuestas.

La exigencia de éste fue un giro radical después de que Gingrich pidió que Romney dé a conocer sus declaraciones del impuesto sobre la renta antes de las primarias del fin de semana.

Gingrich argumenta que los votantes republicanos necesitan saber si los registros del acaudalado ex ejecutivo de una empresa de capital de riesgo contienen algo que pudiera afectar las oportunidades del partido frente a Obama.

ELENCO
íngeles y demonios


En los 11 dí­as que han pasado desde que Mitt Romney intentó sin éxito superar definitivamente a sus contrincantes en Nueva Hampshire, la contienda por la candidatura presidencial republicana se ha convertido en un elenco de ángeles y demonios en que los aspirantes intentan granjearse a electores distintos.

El capitalismo era aceptado, luego no, después sí­. Las compañí­as aseguradoras recibieron crí­ticas. Y la prensa persiste como el niño latoso y criticón.

Europa y los derechos, los delincuentes de delitos graves, los timbres de alimentos y el idioma francés: todos estos temas fueron tocados por uno u otro aspirante.

Newt Gingrich incluso difundió un mensaje en que expone como algo malo las habilidades lingí¼í­sticas de Romney y advierte con tono lúgubre: «Igual que John Kerry, Romney habla francés».

Los contrincantes se lanzaron contra el pasado de Romney en el negocio de los capitales de riesgo, pero las crí­ticas en este aspecto amainaron algo debido a las inconformidades suscitadas entre los partidarios de la libre empresa.

En este episodio, la aseveración más destacada fue la del gobernador de Texas, Rick Perry, quien habí­a llamado a Romney «buitre capitalista».

Las compañí­as aseguradoras —tí­picamente el blanco favorito de polí­ticos de cualquier bandera— también estuvieron en el debate, al afirmar Romney que le gusta la idea de tener la capacidad de despedirlas por bajo desempeño. Los demás rivales orquestaron un coro de indignación en torno a la idea de que Romney disfrutara despedir a alguien.

El estratega republicano Terry Holt dijo que todo se suma a una «tempestad de palabras de moda» en los intentos de los aspirantes por lograr una declaración que acapare titulares a fin de llamar la atención de la gente.

Pero, ¿funciona?

«En última instancia, todo se combina en la percepción general hacia el candidato», dijo Holt. «La mayorí­a de las personas tiende a olvidar las recriminaciones mutuas».

Y ha habido muchas recriminaciones.

Los aspirantes a la candidatura republicana han sacado a relucir bastantes enemigos confiables —la reforma de salud de Obama, las regulaciones federales, un gobierno enorme, los controles financieros Dodd-Frank_, aunque han agregado otros a su coctel.

Los aspirantes emiten mensajes que hacen recorridos en zig-zag en busca de una frase de oro que pegue entre los electores.

Ganar dinero está bien, salvo si el que lo hace se llama Mitt Romney.

Uno de los llamados supercomités de acción polí­tica que apoya a Gingrich elaboró una pelí­cula de media hora en la que ataca a Romney por lograr «grandes retribuciones para él mismo y sus inversionistas», incluso con música tétrica de fondo y un narrador con voz de barí­tono.

Romney defendió sus credenciales capitalistas, se alineó con el filósofo conocido como el padre del capitalismo y proclamó con orgullo: «Adam Smith tení­a razón».

Después vino el asunto de la infidelidad: Gingrich optó por no comentar los detalles de su matrimonio con su segunda esposa después de que ésta afirmara que él le habí­a solicitado un «matrimonio abierto» en que pudiera tener una esposa y una amante.

Gingrich logró orientar ese punto hacia el enemigo al que todos los candidatos les encanta atacar: la prensa.

«Creo que la naturaleza destructiva, mala y negativa de gran parte de la prensa hace difí­cil gobernar este paí­s», apuntó.

Sin embargo, otro contrincante, Rick Santorum, advirtió la táctica y exhortó a los electores a que no se dejen convencer por las crí­ticas de Gingrich hacia los medios.

Los republicanos deberí­an «ir más allá de la elocuencia de los titulares, las crí­ticas de la prensa», expresó Santorum.

La estratega demócrata Karen Finney dijo que la lista aleatoria de amigos y enemigos de los republicanos ha surgido en momentos en que los candidatos «intentan recoger los fragmentos del electorado republicano» mediante exhortaciones muy bien dirigidas cuya fuerza se acumule para darles una victoria general en cada elección primaria o asamblea partidista estatal.

«El discurso cambia según la audiencia a la que se dirigen», agregó. «Siempre existe ‘quién es el bueno y quién es el malo»’.

En esta campaña, esa alineación cambia todos los dí­as.