Dos temas en el tintero


El primero tiene que ver con el discurso de nuestro nuevo Presidente en la toma de posesión de dicho cargo. Me pareció paternalista el tono y las ideas en relación a la pobreza y a los pobres de nuestro paí­s. La pobreza debe erradicarse con la dignificación que sólo puede otorgar el trato igualitario frente a la ley y frente a las oportunidades de desarrollo que la sociedad y el Estado están obligados a garantizar sin privilegiar a ningún sector en particular. Si se privilegia a un sector determinado, entonces se corre el riesgo de atacar el problema con la misma arma corrupta e injusta que ha originado los males, es decir, los privilegios. Hablar de la pobreza y de los pobres en un tono dulzón e idealista y poner el tema como estandarte en un discurso de toma de posesión, me hace dudar de las intenciones y capacidad del nuevo gobierno, porque luego lo asociamos a la demagogia y al populismo tercermundista que recurre al tema de la reivindicación de los pobres con el fin primordial de producir efectos retóricos y sentimentalistas en una población necesitada de cambios sustanciales y esperanzas renovadas. Ojalá me equivoque.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

Por otra parte, hace algunos dí­as una periodista del matutino elPeriódico, al intentar hacer un análisis de la figura de Manolito Castillo y cómo la sociedad y el pueblo especí­fico de Jutiapa podí­an dar cabida a caciques de su talla, se referí­a a dicho pueblo oriental como un pueblo pobre e «ignorante». A la periodista se le olvida tomar en cuenta, en su intento de análisis, la improcedencia, inexactitud e irresponsabilidad que toda generalización conlleva. Además se le escapa totalmente el contexto, tanto histórico como psicológico, polí­tico y social en que tales fenómenos surgen y se desarrollan. No toma en cuenta, en ningún momento, el terror, la violencia ni la persuasión perversa y permanente que el caciquismo en todo el ámbito latinoamericano, y hasta hace muy poco también en Europa, pone en práctica para lograr sus objetivos.

No es que un pueblo sea ignorante, son las circunstancias que todos hemos generado y fomentado, directa o indirectamente, las que generan dichas figuras tí­picas de sociedades como la nuestra. Si Jutiapa es un pueblo ignorante porque ha dado cabida a un cacique, entonces toda Guatemala también es ignorante porque ha dado cabida a presidentes y polí­ticos en general, desde ladrones, pasando por demagogos y tontos, hasta genocidas y megalómanos. No digamos de la sociedad alemana, española y estadounidense, entre muchas, que también han dado cabida a dictadores, genocidas y locos. Jutiapa no es un pueblo ignorante. Ignorante es quien no ve o no quiere ver la raí­z de los problemas.